Prevención de fragilidad con dieta mediterránea

Prevención de Fragilidad con dieta mediterránea: la fruta forma parte de la Dieta Mediterránea y de toda dieta saludable. Por ejemplo, los higos (Ficus carica) son muy ricos en fibra (3 gr./100 gr.), minerales (sobre todo, potasio, además de calcio, manganeso, hierro, calcio, fósforo), antioxidantes como vitaminas (K, B1, B5, B6), flavonoides…
- Introducción
- Nutrición y fragilidad
- ¿A qué llamamos dieta mediterránea?
- Prevención de fragilidad con dieta mediterránea: estudios prospectivos internacionales
- Estudio prospectivo pionero (2012)
- Prevención de fragilidad con dieta mediterránea: estudio prospectivo español (2014)
- Potencial prevención de fragilidad con dieta mediterránea: estudio prospectivo asiático (2015)
- Efecto preventivo de fragilidad exhibido por la dieta mediterránea: estudio prospectivo francés (2017)
- Estudio prospectivo italiano efectuado con una muestra de EEUU (2017)
- Prevención de fragilidad en ancianos con dieta mediterránea: estudio prospectivo de EEUU con muestra italiana (marzo 2021)
- Prevención de fragilidad con buena adherencia a la dieta mediterránea y alta ingesta de carotenoides totales: estudio prospectivo (EEUU, septiembre 2022)
- Revisión sistemática y metaanálisis inglés (enero 2018)
- Revisión sistemática y metaanálisis de autoría china (marzo 2018)
introducción
La prevención de fragilidad con dieta mediterránea, según hallazgos científicos recientes, posibilita un envejecimiento saludable. Caracterizado por alcanzar altas cotas de salud, en su triple dimensión: física, mental y social. Otro motivo que justifica la inclusión de este modelo dietético en la lista de bienes Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (UNESCO, noviembre 2010).
En otro artículo de este blog, conceptuamos la fragilidad y describimos los principales métodos de medición de este síndrome que aumenta notablemente la vulnerabilidad del ser humano. A continuación, analizamos los principales artículos científicos que han revelado cómo la práctica regular de ejercicio físico exhibe un significativo efecto preventivo del citado síndrome de fragilidad.
Ahora, en el actual contenido, vamos a ver qué puede aportar al respecto un modelo dietético saludable, como la dieta mediterránea. Vamos a ver si la prevención de fragilidad con dieta mediterránea es realmente factible.
Nutrición y fragilidad
Una nutrición inadecuada incrementa sensiblemente el riesgo de fragilidad, por lo que se antoja crucial aportar alimentos que satisfagan nuestras necesidades energéticas y suministren una cantidad suficiente de micronutrientes.
De esta suerte, lograríamos un buen funcionamiento y una buena homeostasis, esto es, una equilibrada autorregulación que mantendría constante la composición y propiedades del medio interno. (1)
Diversos estudios observacionales y experimentales han mostrado que las proteínas y ciertos micronutrientes, como las vitaminas y carotenoides, podrían contribuir a reducir el riesgo de fragilidad. (2,3)
Sin embargo, resulta más efectivo beneficiarse de modelos dietéticos saludables, en los que una particular combinación de alimentos aporta variados y diversos macro y micronutrientes. Que, al interaccionar favorablemente entre ellos, consiguen un sinergismo por potenciación, verbigracia, la dieta mediterránea.
Vamos a analizar los principales estudios observacionales prospectivos que han revelado una asociación entre una mayor adherencia a este modelo dietético y un menor riesgo de fragilidad. O sea, una potencial prevención de fragilidad con dieta mediterránea.
¿A qué llamamos dieta mediterránea?
Pues se trata de una herencia cultural, basada en productos frescos, locales y de temporada, íntimamente vinculada al estilo de vida de los pueblos de la cuenca mediterránea, donde impera una saludable sociabilidad, como bien refieren los responsables de la Fundación Dieta Mediterránea. (4)
Si nos centramos en los alimentos que la constituyen recordaré que lo más destacable es la abundancia de productos vegetales, como hortalizas, legumbres, arroz, verduras, frutas y frutos secos. Así como el empleo de aceite de oliva virgen extra como fuente fundamental de grasa. Además de un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos y huevos. Sin soslayar el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas (las procedentes del ganado porcino, bovino, caprino y ovino), entre otros.
Prevención de fragilidad con dieta mediterránea: estudios prospectivos internacionales
En los siguientes apartados vamos a resumir los principales estudios prospectivos, de cohortes, que están revelando la citada prevención de fragilidad con dieta mediterránea. Se trata de estudios de autoría asiática, europea y estadounidense.
Prevención de fragilidad con dieta mediterránea: estudio pionero (2012)
En diciembre del 2012 se publicó (The Journal of Nutrition) el primer estudio prospectivo que hizo concebir esperanzas sobre la potencial prevención de fragilidad con dieta mediterránea. (5)
Los autores, miembros de diversos centros universitarios y de investigación de Baltimore (Universidad Johns Hopkins, Instituto Nacional sobre Envejecimiento, Centro de Nutrición Humana) se valieron de una muestra de personas mayores (más de 65 años) procedente de la Toscana ( Invecchiare in Chianti study). Cuyos 690 integrantes fueron evaluados durante 6 años de seguimiento.
Al cabo de los cuales observaron que una mayor adherencia al conjunto de alimentos que caracterizan una dieta mediterránea se asociaba con un menor riesgo de fragilidad: un 70% de disminución ([OR = 0.30 (95% CI: 0.14, 0.66)]. Obviamente, en los que obtenían una mayor puntuación (≥6 puntos) en un reconocido sistema de evaluación del grado de adherencia a esta dieta, el de Trichopoulou, con respecto a los de menor puntuación (3 o menos puntos). (6)
Estos investigadores, consideraron que un paciente sufría Fragilidad si cumplía 2 o más criterios de 4 de los 5 descritos por Frey y colegas. (7)
Tales criterios son los siguientes: percepción de agotamiento; debilidad, evaluada mediante la fuerza de agarre o prensión digital con dinamómetro; enlentecimiento de la marcha; y bajo nivel de actividad física.
El único criterio de Frey que no incluyeron fue la pérdida de peso no intencionada superior a 4,5 kg o a un 5%, durante el año previo. Lo que justificaron aduciendo que no resultaba operativa tal inclusión porque la asociación valorada fue la posiblemente existente entre una exposición dietética y la citada fragilidad.
De entre los criterios citados, una buena adherencia a esta emblemática dieta se asoció, en este estudio, con una reducción del riesgo de aparición de dos criterios de Frey, enlentecimiento de la marcha y bajo nivel de actividad física: un 52% y un 38%, respectivamente.
Prevención de fragilidad con dieta mediterránea: estudio prospectivo español (2014)
El siguiente estudio prospectivo de relieve se publicó en diciembre del 2014 (JAMDA). De autoría española, pues fue efectuado por miembros de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma (Madrid). Los cuales, tras seguir, durante 3,5 años, a 1815 personas de 60 o más años, también apreciaron una asociación inversa entre la adherencia a una dieta mediterránea y el riesgo de fragilidad. (8)
Consideraron que una persona desarrollaba el síndrome de fragilidad cuando reunía tres de los cinco criterios de Frey, o sea, también incluyeron la pérdida de peso, a diferencia del estudio previo.
Efectivamente, Luz M. León-Muñoz y colegas, observaron que los que más se adherían, esto es, los del segundo y tercer tercil, según el sistema de evaluación empleado (MEDAS: Mediterranean Diet Adherence Screener), tenían menos riesgo de fragilidad: 15% y 35%, respectivamente, con respecto a los del primer cuartil.
En cuanto a los criterios evaluados, apreciaron que los que seguían más intensamente este modelo dietético (tercer tercil del MEDAS) se beneficiaban con una relevante reducción del riesgo de enlentecimiento de la marcha y de pérdida de peso: 47% (OR 0.53; 95% CI 0.35–0.79) y 47% (OR 0.53; 95% CI 0.36–0.80), respectivamente.
Cuando utilizaron el método de puntuación de Trichopoulou, también apreciaron que la mayor adherencia a esta dieta se asociaba con una disminución del riesgo de fragilidad: del 41% al 52%. O sea, una aparente prevención de fragilidad con dieta mediterránea.
En cuanto a los alimentos consumidos, apreciaron una asociación entre el consumo de pescado y fruta con una significativa reducción del riesgo de fragilidad: 34% y 41%, respectivamente.
Potencial prevención de fragilidad con dieta mediterránea: estudio asiático (2015)
En agosto del 2015 se publicó (Nutrients) el primer estudio asiático que evaluó la asociación entre modelos dietéticos saludables, como el Índice Internacional de calidad de la Dieta (DQI-i: Diet Quality Index-International) y la dieta mediterránea con el riesgo de fragilidad.
Los investigadores, Ruth Chan y colegas (Universidad de Hong Kong), siguieron durante 4 años, a 2724 chinos de edad superior a los 65 años (50%, mujeres): Tras lo cual, observaron que cada 10 unidades de aumento en el DQI se asoció con una reducción del 41% en el riesgo de fragilidad (OR: 0.59 (0.42–0.85), IC 95%, p = 0.004).
Sin embargo, no apreciaron asociación alguna con la dieta mediterránea. Quizá porque en la dieta china que intenta remedar la de la cuenca mediterránea hay una menor representación de legumbres, frutos secos y aceite de oliva virgen extra, aunque esté bien dotada de fruta y vegetales.
Sí que comprobaron que en el DQI-I se privilegió una dieta bien equilibrada energéticamente, con un consumo óptimo de proteínas, pobre en grasas animales y rica en alimentos basados en las plantas, ricos en antioxidantes, como las frutas y verduras.
¿Cómo evaluaron la fragilidad?
Los criterios empleados para evaluar la fragilidad fueron los de la escala FRAIL, en el que se asigna una puntuación de 1 a cada uno de los cinco componentes: fatiga, resistencia (es decir, incapacidad para subir un tramo de escaleras), deambulación (es decir, incapacidad para caminar una cuadra, o sea, el espacio comprendido entre las dos esquinas de un lado de una manzana), tener más de cinco enfermedades y pérdida de peso de más del 5%. De esta forma, las puntuaciones de fragilidad (de 0 a 5) permitieron identificar estados de salud frágil (3 a 5), prefrágil (1 a 2) y robusto (0).
En este estudio, sólo 31 participantes (1,1%) desarrollaron fragilidad, al cabo de los 4 años de seguimiento.
Efecto preventivo de fragilidad exhibido por la dieta mediterránea: estudio francés (2017)
En la revista oficial de la Sociedad Europea de Nutrición y Metabolismo (Clinical Nutrition) se publicó un estudio observacional prospectivo, de autoría francesa, que también evaluó la asociación entre fragilidad y la dieta Mediterránea. (9)
Los responsables del trabajo siguieron, durante 2 años, a 560 personas sanas, de 75 o más años de edad (60%, mujeres), pertenecientes a una reconocida muestra (Three-City-Bordeaux center). Así, observaron que una alta adherencia a este modelo dietético (6 a 9 puntos de la escala de Trichopoulou) se asociaba con una reducción del 68% del riesgo de fragilidad ((95% CI: 28–86%, p = 0.006), con respecto a una baja adherencia.
Cuando analizaron separadamente los criterios de fragilidad de Frey, antes referidos, apreciaron que una mayor adherencia a la dieta citada se asociaba con una reducción del riesgo de aparecer tres de los cinco criterios: enlentecimiento de la marcha (55%), escasa fuerza muscular (56%) y bajo nivel de actividad física (61%).
Para evaluar la adherencia a la dieta mediterránea emplearon un cuestionario de frecuencia de alimentos. En tanto que para la presencia de fragilidad fue preciso reunir, al menos, tres criterios de Frey.
Obviamente, la metodología y aparato estadístico empleado, al igual que en los estudios previamente analizados, fue bastante rigurosa (control de variables de confusión, regresión logística, análisis de sensibilidad, entre otros).
Estudio prospectivo italiano efectuado con una muestra de EEUU (2017)
En septiembre del 2017 se publicó otro estudio observacional prospectivo donde se volvió a observar una asociación inversa entre la Dieta Mediterránea y el riesgo de Fragilidad. (10)
Se trata de un trabajo llevada a efecto por investigadores de Padua (National Research Council, Neuroscience Institute, Aging Branch), liderados por Nicola Veronese, junto a Brendon Stubbs, del King’s College London. Que tuvieron la feliz idea de evaluar la asociación entre nuestras dos variables en una población no perteneciente a países de la cuenca mediterránea, sino de EEUU.
Para ello, siguieron durante 8 años, a 4421 participantes (61,2 años de media; el 58%, mujeres). De suerte que la incidencia de fragilidad fue aproximadamente la mitad entre aquellos con una mayor adherencia a la dieta mediterránea (8 por 1000 personas-año), con respecto a los de menor adherencia (15 por 1000 personas año). Según un sistema de puntuación validado, el de Panagiotakos.
La fragilidad se definió mediante el índice del Estudio de Fractura Osteoporótica (SOF) como la presencia de dos o más de los criterios siguientes: pérdida de peso ≥5% entre el inicio y la visita de seguimiento posterior; incapacidad para levantarse cinco veces de una silla; bajo nivel de energía.
En su análisis ajustaron o controlaron 10 posibles factores de confusión (edad, sexo, raza, índice de masa corporal, educación, hábitos de fumar, ingresos anuales, nivel de actividad física, índice de comorbilidad de Charlson e ingesta diaria de energía). Tras lo cual, observaron que los participantes con mayor adherencia a la dieta mediterránea veían reducida la incidencia de fragilidad en un 29% (HR = 0,71; IC del 95%: 0,50-0,99, p = 0,047) con respecto a los de una categoría inferior.
Con respecto a los componentes individuales de la dieta mediterránea, revelaron que un bajo consumo de aves de corral se asociaba con un mayor riesgo de fragilidad.
Prevención de fragilidad en ancianos con dieta mediterránea: estudio prospectivo estadounidense (marzo 2021)
El 30 de marzo del 2021, los autores del primer estudio prospectivo descrito en este contenido (5), volvieron a demostrar que una buena adherencia a una dieta mediterránea exhibe un verdadero efecto protector de fragilidad. Pero, en esta ocasión, en vez de utilizar el índice de Frey, emplearon un índice que mide la fragilidad desde una óptica multidimensional, el Índice de Fragilidad. (11)
Para lo cual, siguieron, durante 10 años, a 485 integrantes (mayores de 65 años) de una muestra conocida de la Toscana ( Invecchiare in InCHIANTI study). Así, observaron que una moderada y alta adherencia a este modelo dietético (4 a 5 y ≥6, respectivamente, según la escala de Trichopoulou) se asoció con menor puntuación del Índice de Fragilidad (0,03 y 0,013, respectivamente), con respecto a una baja adherencia (≤3).
Además, las personas que inicialmente tenían fragilidad y una baja adherencia a la dieta mediterránea experimentaban una progresión acelerada de su situación de fragilidad y vulnerabilidad. En tanto que los tuvieron una moderada y alta adherencia se beneficiaron con una ralentización de tal proceso.
Prevención de fragilidad con buena adherencia a la dieta mediterránea y alta ingesta de carotenoides totales: estudio prospectivo (Harvard, EEUU, septiembre 2022)
En septiembre del 2022 se publicó otro estudio prospectivo que respaldó el efecto preventivo de fragilidad exhibido por la dieta mediterránea. (12)
Los investigadores (facultad de medicina de Harvard), siguieron, durante 11 años, a 2384 adultos no frágiles del Framingham Offspring Study. Su edad era de 60 ± 9 años (rango, 33–86 años) y el 55 % eran mujeres, o sea, una muestra de personas mayores.
Para la evaluación de la dieta utilizaron un sistema de puntuación que adaptaba el patrón dietético mediterráneo a la dieta estadounidense en la cohorte de descendientes de Framingham (MSDPS). Lo que fue objeto de una publicación previa. (13)
Además, calcularon la ingesta promedio de ciertos antioxidantes: vitamina C, vitamina E y carotenoides totales en mg/día de la dieta y los suplementos. Precisemos, que los carotenoides totales se calcularon como la suma de las ingestas de α-caroteno, β-caroteno, β-criptoxantina, licopeno, luteína y zeaxantina.
La información dietética fue recabada mediante cuestionario de frecuencia de alimentos. En tanto, que la fragilidad la evaluaron con los criterios de Frey, antes referidos.
Así, en modelos ajustados, una unidad más alta en la adherencia a la dieta mediterránea (MSDPS) redujo las probabilidades de fragilidad en un 3 % (OR, 0,97; IC del 95 %: 0,96–0,99).
Por otra parte, un incremento de 10 mg en la ingesta de carotenoides totales redujo el riesgo de fragilidad en un 16% (OR, 0,84; IC 95 %: 0,73–0,98).
Los resultados aún fueron mejores en los participantes con una edad inferior a 60 años: 7% de reducción del riesgo de fragilidad con cada aumento en una unidad del MSDPS.
Prevención de fragilidad con dieta mediterránea: revisiones sistemáticas y metaanálisis internacionales
En los siguientes apartados voy a analizar varias revisiones y metaanálisis de estudios observacionales prospectivos con resultados boyantes para los amantes de la dieta mediterránea. Resulta reconfortante prevenir la fragilidad con un estilo de vida tan saludable como una buena adherencia a la dieta mediterránea.
Prevención de fragilidad con dieta mediterránea: revisión sistemática y metaanálisis (enero 2018)
Los responsables de esta investigación fueron Gotaro Kojima y colegas, del Departamento de Atención Primaria y Salud de la Población, del Colegio Universitario de Londres (Reino Unido). (14)
Dos revisores independientes de su equipo seleccionaron 4 estudios observacionales prospectivos, de un total de 125 evaluados, que incluyeron 5.789 personas mayores, con un seguimiento medio de 3,9 años.
En estos 4 estudios (los 4 primeros analizados en este contenido) se utilizó el mismo sistema de puntuación para evaluar el grado de adherencia a la Dieta Mediterránea (el de Trichopoulou).
¿Cuáles fueron los resultados del metaanálisis?
Pues que una mayor adherencia a la dieta mediterránea se asoció con un riesgo significativamente menor de fragilidad: un 38% de reducción, para puntuaciones de 4 a 5 puntos (OR = 0.62, 95% CI = 0.47–0.82, P = .001). Que se reducía aún más para adherencias mayores (6 a 9 puntos), un 56% (OR = 0.44, 95% CI = 0.31–0.64, P < .001).
Los autores también destacaron que su revisión y metaanálisis no apreció ni sesgo de publicación ni significativa heterogeneidad (I2= 0–16%, P = .30).
“Una superior adherencia a la Dieta Mediterránea se asocia con un riesgo significativamente menor de fragilidad en personas mayores que viven en la comunidad. Futuros estudios deben confirmar estos hallazgos, incluyendo también poblaciones no mediterráneas”, concluyen los responsables de la investigación.

Prevención fragilidad con dieta mediterránea: el pescado azul es la mayor fuente de los saludables ácidos grasos poliinsaturados omega 3, de cadena larga, como el docosahexanoico y el eicosapentanoico.
Revisión sistemática y metaanálisis de autoría china (marzo 2018)
Y Wang y colegas, investigadores de la Universidad de Sichuan (China), también efectuaron una revisión y metaanálisis sobre estudios observacionales, publicados hasta octubre del 2017, cuyo objetivo principal fue evaluar una asociación entre las dos variables protagonistas de este contenido: la fragilidad y la dieta mediterránea. (15)
Tras revisar fuentes de datos electrónicas (MEDLINE, EMBASE and Cochrane Central Registe), seleccionaron cinco estudios prospectivos, que incluyeron 10.210 participantes, y uno transversal. Cuya evaluación también arrojó resultados fructíferos para los amantes de la dieta mediterránea.
Concretamente, una mayor adherencia a este modelo dietético se asoció con una reducción del 44% del riesgo de sufrir fragilidad (RR= 0.56, 95% CI=0.36-0.89, p=0.015).
Cuando sólo se evaluaron los estudios efectuados con población mediterránea (tres) y norteamericana (uno), se observó que una alta adherencia a una dieta mediterránea se asoció con una reducción mayor del riesgo de fragilidad: 52% de disminución ((RR= 0.48, 95% CI=0.32-0.72, p<0.001).
En esta revisión se analizaron los 5 estudios prospectivos que hemos descrito anteriormente, incluido el de autoría china, que no reveló asociación inversa entre este modelo dietético y la fragilidad.
Hipótesis plausibles
Aunque se desconocen los mecanismos íntimos por los que la dieta mediterránea podría reducir el riesgo de fragilidad, se sospecha que tal efecto protector tenga que ver con los efectos antioxidantes y antiinflamatorios derivados de los micronutrientes que aportan el conjunto de alimentos que la integran.
Además, se cree que el impacto favorable de esta dieta en la microbiota intestinal, mejorando su variedad y riqueza, podría contribuir a reducir sensiblemente el riesgo de sufrir el síndrome de fragilidad.
Efecto antioxidante
En principio, los fenómenos de oxidación celular y de estrés oxidativo incrementan el riesgo de fragilidad, como ha podido apreciarse en diversas revisiones de estudios científicos. (16–18)
Por ello, parece razonable pensar que el efecto antioxidante inherente a los carotenoides, flavonoides, polifenoles y vitaminas aportados por los frutos secos, fruta y vegetales, entre los que descuella el aceite de oliva virgen extra, rico en polifenoles (oleuropeína, oleocantal, hidroxitirosol) y en ácido oleico, así como del pescado (fuente principal de ácidos grasos poliinsaturados omega-3, de cadena larga), entre otros alimentos de esta emblemática dieta, podría contribuir a evitar y paliar el citado estrés oxidativo, que caracteriza a los estados de fragilidad.
Efecto antiinflamatorio
También sabemos que la inflamación está implicada en el desarrollo de fragilidad y que las personas afectas de este síndrome tienen incrementada la concentración sanguínea de marcadores inflamatorios. (19)
Por lo cual, parece plausible plantear que la dieta mediterránea, asociada con menor nivel de marcadores inflamatorios (20), podría reducir el riesgo de fragilidad, merced a su reconocido efecto antiinflamatorio.
Impacto favorable en la microbiota intestinal
En febrero del 2020 se publicó un ensayo controlado (proyecto UN-AGE), aleatorizado, multicéntrico, simple ciego, cuyo objetivo fue investigar si una intervención con dieta mediterránea podría modificar favorablemente la microbiota intestinal y, así, reducir lafFragilidad. (21)
Para ello, evaluaron la microbiota intestinal en 612 sujetos no frágiles o prefrágiles en cinco países europeos (Reino Unido, Francia, Países Bajos, Italia y Polonia) antes y después de la administración de una intervención con la citada dieta mediterránea, de 12 meses de duración, adaptada a sujetos mayores (NU -Dieta EDAD).
¿Qué fue lo que comprobaron?
Pues que la adherencia a la dieta referida se asoció con modificaciones favorables del microbioma, Véase, un aumento de los taxones bacterianos asociados positivamente con varios marcadores de menor fragilidad y mejor función cognitiva. Así como negativamente con marcadores inflamatorios, incluida la proteína C reactiva y la interleucina-17.
Además, el análisis de los perfiles de metabolitos microbianos inferidos indicó que el cambio del microbioma modulado por la dieta se asoció con un aumento en la producción de los saludables ácidos grasos de cadena corta / ramificada. Sin soslayar, una menor producción de los nocivos ácidos biliares secundarios, p-cresoles, etanol y dióxido de carbono.
Sus resultados fueron concordantes con el principio de Anna Kanerina, que postula que los microbiomas de los sujetos sanos son similares (en este caso de 5 países), en tanto que el de los enfermos son singularmente aberrantes, anómalamente diferentes para cada sujeto. (22)
De esta suerte, la adherencia a la dieta mediterránea, protegiendo una comunidad estable de flora microbiana intestinal, podría conseguir cierta resiliencia. Y, por tanto, resistir los cambios alternativos de microbiota, propios de los sujetos no saludables.
“En conjunto, nuestros hallazgos apoyan la viabilidad de mejorar la dieta habitual para modular la microbiota intestinal que, a su vez, tiene el potencial de promover un envejecimiento más saludable”, concluyeron los autores.
Reducción de enfermedades crónicas que predisponen a sufrir fragilidad en ancianos
Son múltiples los estudios observacionales prospectivos y algunos experimentales que han revelado cómo una buena adherencia a la dieta mediterránea se asocia con una reducción significativa del riesgo de sufrir las principales causas de enfermar y morir en el mundo: cardiovasculares (23–27), neurodegenerativas (28–31), cánceres (32–36), diabetes (37–42), entre otros procesos.
Dado que todas estas enfermedades crónicas socaban tanto la salud como para que el ser humano, entrado en años, empiece a tornarse prefrágil o claramente frágil, una buena adherencia a una dieta Mediterránea podría reducir, por esta vía, el riesgo de sufrir fragilidad.
Conclusiones
En fin, en este contenido y en otro, hemos comprobado que tanto una buena adherencia a la dieta mediterránea como la práctica regular de ejercicio físico, respectivamente, pueden contribuir a reducir sensiblemente el riesgo de sufrir un síndrome de fragilidad. Esto es, la prevención de fragilidad con dieta mediterránea y con ejercicio físico es más real que posible.
Como ya hemos visto en numerosos artículos de este blog, ambos estilos de vida deben priorizarse por su reconocida capacidad de incrementar nuestra esperanza de vida en buena salud, con un envejecimiento saludable, con una edad biológica menor que la cronológica.
Dr. Félix Martín Santos
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