Prevención de cataratas con ejercicio físico

prevención de cataratas con ejercicio físico como el ciclismo

Prevención de cataratas con ejercicio físico: los efectos antioxidantes y antiinflamatorios inherentes a la práctica regular de ejercicio físico, podrían evitar o/y mitigar la opacificación del cristalino y, por ende, reducir el riesgo de desarrollar cataratas.

 

  1. Estudio prospectivo con una muestra de corredores (2009)
  2. Prevención de cataratas con ejercicio físico: estudio prospectivo comunitario (2015)
  3. Estudio transversal internacional con muestra española (2020)

Introducción

La prevención de cataratas con ejercicio físico es un hecho avalado por rigurosos estudios científicos. Es más, la práctica regular de actividad física podría reducir el riesgo de sufrir las dos principales causas de ceguera asociada a la edad: las cataratas citadas y la degeneración macular. Merced a sus notables efectos antioxidantes que contribuirían a neutralizar los fenómenos oxidativos, responsables de la opacificación del cristalino y de la degeneración de mácula lútea, respectivamente.

En otro contenido de este blog abordamos el efecto preventivo de degeneración macular asociado a la edad exhibido por el ejercicio físico. Ahora, veremos la potencial prevención de cataratas con ejercicio físico.  

Concepto y tipos de cataratas

La catarata es la pérdida de la transparencia del cristalino, por opacidad total o parcial, que hace que la luz se disperse y no pueda enfocarse en la zona de mayor agudeza visual de la retina, la mácula lútea, lo que determina una pérdida progresiva de la agudeza visual, que puede acabar con ceguera, si no se opera.

Al principio, el paciente está asintomático o con síntomas muy leves, casi inapreciables. Luego, empieza a experimentar visión borrosa o nublada cuando mira a lo lejos, deslumbramiento con la luz solar o con otras fuentes de luz (lámparas, focos de los coches…), a veces, causan miopía, mejorando su visión cercana.

Según la zona del cristalino afectada podemos distinguir los siguientes tipos de cataratas:

Cataratas nucleares

En este tipo de catarata la opacificación se ceba con el núcleo o centro del cristalino. Son las más frecuentes, las verdaderamente seniles, pues aparecen con el envejecimiento de la persona. Evolucionan lentamente y tienden a afectar más a la visión lejana.

Cataratas corticales

En éstas lo que se opacifica es la corteza o envoltura del cristalino. La pérdida de agudeza visual afecta más a la visión cercana.

Cataratas subcapsulares posteriores

Las cataratas subcapsulares posteriores aparecen cuando la pérdida de transparencia se circunscribe a la cápsula posterior del cristalino, su capa más externa. La diabetes mellitus y la administración prolongada de corticoides son dos grandes factores de riesgo de este tipo de catarata.

Los pacientes suelen quejarse de fotofobia (severa y molesta sensibilidad a la luz), así como de halos de luz e imágenes distorsionadas, incluso algunos tienen visión doble. Además, su evolución es más rápida y limitante, con mayor pérdida de visión.

                                                                              Causas y prevención

La catarata senil representa la primera causa de ceguera reversible y prevenible con cirugía [1].  No obstante, también hay cataratas congénitas, así como cataratas secundarias a traumatismos oculares, enfermedades del ojo (uveítis, por ejemplo), medicamentosas (por ejemplo, tratamiento prolongado con corticoides sistémicos), por radiaciones, como las ultravioletas, entre otras.

Aunque la cirugía de extracción de cataratas es efectiva para recuperar la visión, los altos costos terapéuticos y las crecientes demandas de terapia han conferido una carga financiera considerable a los sistemas de salud y a la propia sociedad en general [2].

Por ello, resulta crucial identificar factores de riesgo modificables de este proceso, a fin de implementar intervenciones que puedan modificarlos y, así, prevenir o retrasar el desarrollo de cataratas.

En estudios observacionales se habían apreciado ciertos estilos de vida y enfermedades que parecían incrementar el riesgo de cataratas, acelerando su desarrollo, entre los que destacan el tabaquismo, la obesidad, la hipertensión arterial y la diabetes tipo dos.

Estudios de aleatorización mendeliana: asociación causal entre tabaquismo y diabetes tipo 2 con cataratas

Incluso, un riguroso estudio de aleatorización mendeliana, publicado en enero del 2022 (Scientific Reports) demostró causalidad en la asociación entre el riesgo de cataratas y el tabaquismo, así como con la mayoría de los integrantes del síndrome metabólico: obesidad, hipertensión arterial y diabetes tipo 2 [3].

Otro estudio de aleatorización mendeliana, publicado unos meses antes, en septiembre del 2021 (International Journal of Epidemiology), ya había revelado una asociación causal entre diabetes tipo 2 y cataratas [4].

Si tenemos en cuenta que los fenómenos oxidativos e inflamatorios están involucrados en el desarrollo de cataratas, podremos entender por qué el tabaquismo y los citados integrantes del síndrome metabólico pueden causar cataratas: la oxidación e inflamación subsiguiente son fieles compañeros. [58]

Por el mismo motivo, una excesiva exposición a la luz solar, sin gafas protectoras, puede acelerar el desarrollo de cataratas, oxidando y desnaturalizando las proteínas cristalinas.

Al contrario, los estilos de vida que exhiban efectos antioxidantes o/y antiinflamatorios podrían reducir el riesgo de cataratas o, en su defecto, retrasar su aparición. Véase el ejercicio físico y una dieta saludable, a base de productos frescos y de temporada, como la dieta mediterránea o similar.

Prevención de cataratas con ejercicio físico: estudios observacionales

En las siguientes líneas vamos a analizar los principales estudios epidemiológicos observacionales, prospectivos y transversales, que han mostrado cómo la práctica regular de actividad física puede reducir el riesgo de cataratas.

Estudio prospectivo con una muestra de corredores

En enero del 2009, se publicó (Investigative Ophthalmology & Visual Science) el primer estudio que tuvo como objetivo probar la prevención de cataratas con ejercicio físico vigoroso (kilómetros por semana de carrera) y una mayor aptitud cardiorrespiratoria (rendimiento de carrera de 10 km en metros por segundo) [9].

El autor de la investigación, Paul T Williams (Berkeley, California) contó con una gran muestra de corredores (the National Runners’ Health Study ), reclutados entre 1991 y 1993, con los que ha revelado diversos efectos saludables del ejercicio físico vigoroso, en los últimos 20 años.

En el caso que nos ocupa, incluyó a unos 40.000 corredores no diabéticos, no vegetarianos y no fumadores (29,025, varones; 11,967, mujeres), a fin de identificar a los  diagnosticados de cataratas (733 varones y 179 mujeres) Aunque sin especificar el tipo de catarata (cortical, nuclear, subcapsular anterior o posterior).

Resultados

Tras un seguimiento de 7 años, comprobaron que el riesgo de catarata aumentó a medida que lo hacía el índice de Masa Corporal (IMC). Así, fue un 88% mayor en corredores con un IMC superior a 27,5 kg / m2 (sobrepeso u obesidad) con respecto a los hombres con un IMC inferior a 20 kg/m2.

Fue muy destacable comprobar que el riesgo de cataratas en los hombres disminuyó significativamente en relación con la distancia de carrera (P = 0,01). Incluso cuando se ajustó por el IMC. Así, los hombres que corrieron ≥64 km/semana tuvieron un riesgo 35% menor de cataratas que los que informaron <16 km/semana (28% menos de riesgo cuando se ajustó por IMC).

Además, los hombres con mayor aptitud cardiorrespiratoria tenían un riesgo significativamente menor de desarrollar cataratas que los hombres menos aptos. De suerte que los que corrieron más rápido (> 4,75 metros/ segundo) tuvieron un riesgo 50% menor de catarata incidente (43% más bajo cuando se ajustó por km / semana e IMC), en comparación con los hombres cuya forma física era menor.

Con las mujeres del estudio no se apreciaron resultados similares.

Estos datos sugieren que el riesgo de cataratas de los hombres disminuyó en asociación con un IMC más bajo, una mayor actividad física y una mayor aptitud cardiorrespiratoria, siendo esta última estadísticamente independiente tanto del IMC como de la actividad física. Las limitaciones del estudio incluyen la ausencia de confirmación del diagnóstico clínico y la falta de especificidad del tipo de catarata”, concluyó Williams.

Precisemos que las investigaciones de Williams se basan en resultados obtenidos en muestras de sujetos físicamente activos, bien con actividad vigorosa, como la de los corredores, aquí mencionados, o bien con actividad moderada, como su muestra de “andadores a buen ritmo”.

Prevención de cataratas con ejercicio físico: estudio prospectivo comunitario

Dado que la muestra de Williams es muy selectiva, sujetos que practican regularmente actividad física, vamos a valorar qué puede suceder cuando se valora la asociación entre el riesgo de cataratas y la actividad física efectuada por integrantes de muestras poblacionales o comunitarias. Esto es, cuando se valora la prevención de cataratas con ejercicio físico durante el tiempo libre y durante el trabajo (ocupacional), con respecto a los prácticamente inactivos o sedentarios.

Para ello, recurriremos a un estudio prospectivo sueco, publicado en febrero del 2015 (Ophthalmology), constituido por una notable muestra (Swedish Mammography Cohort and the Cohort of Swedish Men). [10]

Se trata de una muestra constituida por 52 660 participantes (23 853 mujeres y 28 807 hombres), de 45 a 83 años de edad, a los que siguieron durante 12 años. Al cabo de los cuales, observaron una asociación inversa entre el riesgo de cataratas (diagnosticadas en 11 580 personas) y la práctica regular de actividad física. Tanto la total cuanto la efectuada durante el tiempo libre, como andar en bici o caminar, y durante la jornada laboral (ocupacional).

Resultados

Concretando, caminar o andar en bicicleta (>60 minutos/día frente a casi nunca) se asoció con una reducción significativa del riesgo de cataratas: 12% (HR, 0,88; IC 95 %, 0,82–0,95). En tanto que la actividad ocupacional (trabajo manual pesado frente a estar mayormente sentado) también se asoció con una relevante disminución del riesgo de opacificación del cristalino: 16% (HR: 0,84; IC 95 %, 0,78– 0,91).

Además, el cuartil más alto de la actividad física total se asoció de forma estadísticamente significativa con un 13 % menos de riesgo de cataratas en comparación con el más bajo (índice de riesgo [HR], 0,87; intervalo de confianza [IC] del 95 %, 0,82–0,92).

Como era esperable, la inactividad en el tiempo libre (más de 6 horas diarias frente a menos de 1 hora/día) se asoció con un mayor riesgo de cataratas, un 27% mayor (CRI, 1,27; IC 95 %, 1,07–1,50).

Parece, pues, que la prevención de cataratas con ejercicio físico no es una quimera, sino más real que potencial.

Estudio transversal internacional con muestra española (2020)

Aunque los estudios transversales ofrecen resultados menos fiables por su ausencia de seguimiento, bien merece la pena resumir los datos transversales de la Encuesta Nacional de Salud de España 2017. También ha valorado positivamente la prevención de cataratas con ejercicio físico. [11]

Para ello, se contó con 17.777 personas de 15 a 69 años de edad (52% mujeres), donde la asociación entre la actividad física y el riesgo de cataratas fue analizada por investigadores de varias naciones de Europa (Polonia, Reino Unido, España e Italia). Cuyo resultado se publicó en febrero del 2020 (Ophthalmic Epidemiology)

Básicamente, lo que comprobaron fue que los que su nivel de actividad física era inferior a 600 MET-minutos/semana, o sea, menor que el aconsejado en las guías internacionales (150 a 300 minutos semanales de actividad moderada, como caminar rápido, o 75 a 150 minutos semanales de actividad vigorosa, como correr o nadar), tenían muchas más probabilidades de sufrir cataratas: un 32% mayor (OR = 1,324; IC del 95 % = 1,116–1,571), con respecto a los que sí cumplían con tales recomendaciones.

Los análisis estratificados por edad mostraron que la asociación entre actividad física y catarata fue significativa sólo en los grupos de edad de 65 a 69 años y de 50 a 69 años.

También apreciaron que la proporción de prevalencia de cataratas en nuestro país era del 3,7% (de 15 a 69 años).

Los autores concluyeron su estudio aconsejando la práctica regular de actividad física, de un nivel no inferior a los 600 MET/minutos/semana, a fin de reducir el riesgo de cataratas. Y, por ende, de una notable reducción de la calidad de vida, la inherente a la pérdida de autonomía por ceguera.

Prevención de cataratas con ejercicio físico: metaanálisis de estudios observacionales

En abril del 2020 se publicó un metaanálisis de estudios observacionales que también cosechó resultados fructíferos para los amantes del ejercicio físico, hombres y mujeres [12].

Para ello, los investigadores del estudio, Hong Jiang y colegas (Escuela de Salud Pública, Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Xi’an Jiaotong, Shaanxi, China), seleccionaron 6 estudios prospectivos.

De forma que incluyeron a 171 620 participantes, controlados de 6 a 12 años. Tras lo cual, observaron que un aumento global del nivel de actividad física se asoció con una reducción significativa del riesgo de sufrir cataratas (19.173 casos): un 10% (RR: 0,90; IC del 95 %: 0,81, 0,99, P = 0,04).

Cuando se analizó el método empleado para evaluar el nivel de actividad física, se apreció que los estudios que utilizaron el equivalente metabólico (MET) cosecharon asociaciones inversas más robustas con el riesgo de cataratas que los que se basaron en el ejercicio físico efectuado durante la semana: un 15% inferior y un 4% menor, respectivamente, con respecto a niveles de baja actividad o de franca inactividad.

Aunque lo más destacable fue que el análisis de dosis-respuesta reveló una reducción del 2% del riesgo de cataratas (RR: 0,98; IC del 95 %: 0,98, 0,99, P <0,001) por cada 6 MET por día de aumento en la actividad, equivalente a correr (running) o andar en bicicleta durante una hora.

Los resultados de este metaanálisis respaldan la prevención de cataratas con ejercicio físico.

Prevención de cataratas con ejercicio físico: hipótesis plausibles

Recordemos que el cristalino es muy susceptible al daño oxidativo debido a su alta concentración de ácidos grasos poliinsaturados. Por lo que cuando aumentan localmente los radicales oxidantes (especies reactivas de oxígeno), inciden nefandamente sobre el cristalino, ejerciendo un efecto tóxico en múltiples componentes de su estructura. Véase, las proteínas cristalinas, menoscabando sus funciones fundamentales y conduciendo al desarrollo de opacidades del mismo, o sea, cataratas [5-8].

Aunque se desconoce el mecanismo exacto que pueda explicar la potencial prevención de cataratas con ejercicio físico, es muy probable que se deba a su reconocido efecto antioxidante y antiinflamatorio. Capaz de neutralizar el daño oxidativo del cristalino, merced a que aumenta la actividad de las enzimas antioxidantes y la concentración de las lipoproteínas de alta densidad (HDL), que inhiben la peroxidación de los lípidos, abundantes en el cristalino, sobre todo de ácidos grasos poliinsaturados (membranas celulares del epitelio que recubre la parte anterior de la corteza) [1317].

Además, el HDL desempeña un papel importante en el transporte de antioxidantes lipofílicos, pues cuando sus niveles se elevan, conduce más antioxidantes del plasma al cristalino, para evitar que sufra daño oxidativo e inflamación [18].

Al efecto antioxidante y antiinflamatorio de las lipoproteínas de alta densidad (HDL) [1920] se suma su relevante acción cardioprotectora, merced a que transporta el colesterol de la placa de ateroma al hígado (transporte inverso).

Por otra parte, la actividad física también podría exhibir un efecto preventivo de cataratas reduciendo la incidencia de diversos factores de riesgo de las mismas, como la obesidad, diabetes tipo dos, la dislipemia y la hipertensión arterial [2124].

En varios artículos de este blog hemos analizado los efectos antihipertensivos y antidiabéticos del ejercicio físico.

Prevención de cataratas con ejercicio físico: conclusiones

La prevención de cataratas con ejercicio físico está avalada por los resultados obtenidos en diversos estudios observacionales prospectivos y en metaanálisis de los mismos. Así, los efectos antioxidantes y antiinflamatorios inherentes a la práctica regular de ejercicio físico, podrían evitar o/y mitigar la opacificación del cristalino. Esto es, podrían neutralizar los mecanismos oxidativos implicados en la citada opacificación y, por ende, en el desarrollo de cataratas.

En fin, se antoja crucial implementar medidas seguras y efectivas que sean capaces de reducir el riesgo de cataratas o, cuando menos, de retrasar su aparición y enlentecer su evolución, como la práctica regular de actividad física y una dieta saludable. Así, no sólo mitigaremos el deterioro de la calidad de vida asociado a esta causa de ceguera, sino que también contribuiremos a incrementar la esperanza de vida en buena salud, en su triple dimensión: física, mental y social.

Dr. Félix Martín Santos

   Bibliografía

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4 Comentarios

  1. Félix agradezco y destacó la claridad y el rigor de tus explicaciones al exponernos el concepto y los tipos de cataratas. Gracias por darnos a conocer los amplios beneficios que reportan una dieta saludable y la realización regular de ejercicio físico que de manera pormenorizada nos has ido exponiendo a lo largo de tus magníficos artículos y ahora incides en el actual sobre los beneficios antiinflamatorios y antioxidantes sobre el cristalino. Gracias por tu labor constante en beneficio de que consigamos un estilo de vida saludable

    Responder
  2. Muchas gracias Félix por proporcionarnos argumentos ordenados, útiles e interesantes sobre la prevención de la catarata senil, al ser la primera causa de ceguera reversible. Seguiremos tus consejos sobre el ejercicio físico y la dieta mediterránea para aprovecharnos de sus múltiples beneficios.

    Responder

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