Prevención de cáncer de colon con ejercicio físico

Fernando del Canto corriendo por montañas asturianas.

Prevención de cáncer de colon con ejercicio físico. Foto: cortesía de Fernando del Canto. Ascender  por laderas montañosas es un ejercicio físico vigoroso que contribuye a reducir el riesgo de enfermedades crónicas no comunicables: cardiovasculares, cánceres, neurodegenerativas, metabólicas…

 

Introducción

La prevención de cáncer de colon con ejercicio físico es una potencial medida de prevención primaria de este tumor maligno. Verdadera prioridad de salud pública por ser uno de los cánceres más prevalentes, graves y costosos. Por lo que resulta crucial implementar estrategias comunitarias que faciliten la realización de ejercicio físico.

Estrategias que, además, contribuirán decisivamente a reducir las principales causas de enfermar y morir en el mundo: cardiovasculares, neurodegenerativas, tumorales, respiratorias, metabólicas, entre otras.

Para reducir la tasa de incidencia de este prevalente cáncer (prevención primaria) se aconseja evitar los factores de riesgo del mismo: tabaquismo, obesidad, alcohol, consumo de carnes procesadas… De igual forma, se recomienda una buena adherencia a una dieta saludable, a base de productos frescos y de temporada, como la dieta mediterránea, cuyo efecto preventivo de cáncer colorrectal también lo hemos analizado en otro artículo de este blog.

Sin soslayar el consumo regular de café que, entre otros efectos saludables, exhibe una potencial prevención de cáncer de colon, así como un incremento de la supervivencia de los que ya lo padecen. Ambos hechos analizados en otro artículo de este blog: prevención de cáncer de colon con café.

A continuación, vamos a analizar los principales estudios científicos que han revelado una potencial prevención de cáncer de colon y de recto por parte del ejercicio físico.

Prevención de cáncer de colon con ejercicio físico: metaanálisis de estudios observacionales

Metaanálisis pionero (2009)

En febrero del 2009 se publicó el primer metaanálisis de estudios observacionales que reveló una asociación inversa entre la actividad física y el cáncer de colon en hombres y mujeres. (1)

Para ello, los autores del estudio, Wolin y colegas (Universidad de Washington), seleccionaron 52 estudios observacionales: 28 de cohortes; 24 de casos y controles. , apreciaron una asociación entre la práctica regular de ejercicio físico (sujetos más activos) y una reducción significativa del riesgo de cáncer de colon: 24% (RR: 0,76; IC 95%: 0,72-0,81), con respecto a los menos activos físicamente.

Cuando se estratificó por sexo, observaron reducciones similares en hombres y mujeres: 24 y 21%, respectivamente.

Los resultados en los estudios prospectivos o de cohortes, de mayor calidad y rigor que los de casos y controles, fueron menos robustos que los obtenidos con estos últimos, pues el ejercicio físico se asoció con una menor reducción del riesgo de cáncer de colon: 17% con respecto a un 31% en los de casos y controles.

En este clásico metaanálisis, los autores echaron en falta una información muy valiosa: conocer el tipo, intensidad y la duración de la actividad física que pudiera contribuir más a reducir el riesgo de cáncer de colon. Además, excluyeron los estudios que valoraron cánceres de recto, pues pensaban que tal adición subestimaría el efecto preventivo de la actividad física, la cual no creían que pudiera reducir el riesgo de cánceres distales, como el de recto.

Prevención de cáncer de colon con ejercicio físico: reducción del riesgo de cánceres proximales y distales de colon (2012)

Para dilucidar si la actividad física era también capaz de reducir el riesgo de cánceres de colon distales (descendente, sigma y recto) hubo que esperar a la revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales llevada a efecto por Boyle y colegas (Universidad del Oeste de Australia, Perth). Investigación publicada en octubre del 2012 (J Natl Cancer Inst). (2)

Así, tras analizar 21 estudios observacionales (12 de cohortes y 9 de casos y controles) observaron que la asociación entre la actividad física y el riesgo de cáncer de colon no difería según el subsitio anatómico. De suerte que las personas más activas, con respecto a las menos activas, experimentaban una reducción similar del riesgo de cánceres de colon proximales y distales: 27% y 26%, respectivamente.

Además, los resultados fueron similares en hombres y mujeres y tampoco difirieron entre estudios con diferentes definiciones de colon proximal y colon distal, o entre dominios de actividad física (recreativa y ocupacional).

Precisemos que más de 9512 personas con cáncer de colon proximal y 8171 personas con cáncer de colon distal participaron en los estudios incluidos en este metaanálisis de estudios observacionales. Ocho de los cuales se efectuaron en Europa, nueve en EEUU, tres en Japón y uno en Australia.

Conclusiones de los autores

Los resultados de esta revisión sistemática y metaanálisis sugieren que la actividad física se asocia con un riesgo reducido de cáncer de colon proximal y de colon distal, y que la magnitud de la asociación no difiere según el subsitio. Dado este hallazgo, la investigación futura sobre la actividad física y el cáncer de colon debe centrarse en otros aspectos de la asociación que aún no están claros, tales como la intensidad de la actividad física, el comportamiento sedentario y la actividad física no aeróbica (de fuerza), así como si la obesidad y la dieta modifican la asociación entre la actividad física y el riesgo de cáncer de colon”.

Potencial prevención de cáncer de colon con ejercicio físico de diversa naturaleza

En diciembre del 2017 se publicó el primer metaanálisis cuyo principal objetivo fue comprobar si el riesgo de cánceres de colon y de recto podría verse reducido con diversas modalidades de actividad física. Esto es, no sólo con la recreativa y ocupacional, habitualmente evaluada, sino también con la empleada durante el trayecto de ida y vuelta al trabajo (por ejemplo, ir andando o en bici) y la doméstica. Sin soslayar la influencia del sedentarismo en el riesgo de estos cánceres. (3)

Método

Para ello, Mahmood y colegas (Universidad de Melbourne), autores del estudio, seleccionaron  17 estudios de cohortes y 21 estudios de casos y controles. De los cuales 17 tenían datos sobre la actividad física efectuada durante el trabajo (actividad ocupacional), 23 tenían datos sobre el ejercicio físico efectuado en plan lúdico o recreativo, tres tenían datos sobre los dominios de transporte al trabajo y actividad física en el hogar, y 6 estudios tenían datos sobre el comportamiento sedentario ocupacional.

El aparato estadístico empleado fue muy riguroso. Así, efectuaron un metaanálisis de efectos aleatorios para calcular los riesgos relativos agrupados que compararon el nivel de exposición más alto versus el más bajo, metarregresión para evaluar las fuentes de heterogeneidad en las estimaciones, entre otras técnicas.

Resultados

De esta forma, confirmaron que la actividad física recreativa y ocupacional se asociaban con una reducción significativa de los cánceres de colon y recto.

Además, por primera vez, apreciaron que ir al trabajo caminando o en bicicleta también se asociaba con una reducción de estos cánceres. Por otra parte, el comportamiento sedentario incrementaba ostensiblemente el riesgo de sufrir cáncer de colon (44%), aunque no de recto.

Si nos fijamos en las cifras veremos la relevante disminución del cáncer de colon con las diversas modalidades de actividad física: 26%, para la ocupacional; 30%, para la recreativa; 34%, para la relacionada con el transporte al trabajo.

El cáncer de recto también se vio disminuido con los diversos tipos de ejercicio físico: 12%, para la actividad ocupacional; 13%, para la recreativa; y 12%, para la relacionada con el transporte, aunque ésta no fue significativa (RR: 0,88; IC del 95%: 0,70, 1,12).

La actividad doméstica no se asoció con reducción de la incidencia de cáncer colorrectal.

Los análisis de dosis-respuesta apoyaron los resultados de la comparación de las categorías más altas versus más bajas de actividad física. O sea, una investigación más a favor de la potencial prevención de cáncer de colon con ejercicio físico.

Además de aumentar la actividad física ocupacional y recreativa, promover la actividad física durante el transporte y reducir el comportamiento sedentario en el lugar de trabajo también pueden ser estrategias útiles de prevención del cáncer colorrectal”, concluyeron los autores del estudio.

Actividad física y riesgo de cáncer de colon en pacientes de alto riesgo: metaanálisis de estudios observacionales (2018)

En febrero del 2018 se publicó la primera revisión sistemática y metaanálisis de estudios observacionales (BMC Cancer) que tuvo como principal objetivo averiguar si el ejercicio físico regular era capaz de reducir la incidencia de cáncer de colon entre personas con alto riesgo de desarrollarlo. Tanto genético, por tener antecedentes familiares de cáncer colorrectal de primer grado, como adquirido por obesidad, una reconocida causa de este prevalente tumor maligno. (4)

Método

Los autores del estudio, Eileen Shaw y colegas (Universidad de Calgary, Canadá), seleccionaron 18 estudios observacionales (9 de cohortes prospectivos y 9 de casos y controles), cuyas muestras estaban constituidas por adultos (18 a 85 años), de ambos sexos juntos (9 artículos), separados (7 artículos), o sólo de hombres (4 artículos), pertenecientes a diversos países y continentes: EEUU (7 estudios), Europa ( 5 estudios), Asia (tres artículos), Canadá (2 artículos) y Australia (un artículo).

La medición de la actividad física se obtuvo preguntando a los participantes (autoinformada) por cuestionario o por entrevista personal, sobre el nivel o intensidad, tipo o periodo de tiempo que llevaban practicando. En realidad, sólo seis estudios evaluaron la actividad física de por vida, período ideal de medición para determinar la etiología de la enfermedad y las posibles asociaciones, según los autores.

Resultados

En el metaanálisis de estudios que incluyeron subgrupos de personas con alto riesgo genético y hereditario de cáncer de colon, se observó una asociación estadísticamente significativa entre la actividad física y una reducción del riesgo de sufrir este tumor maligno entre los que carecían de antecedentes familiares de primer grado de padecerlo: un 44% (RR: o,56; IC 95%: 0,39–0,80).

Sin embargo, los resultados no fueron tan boyantes en los que sí tenían un riesgo hereditario, pues, aunque, aparentemente, se apreciaba una reducción del riesgo del 28% (RR: 0.72), el intervalo de confianza del 95% no ofreció significación estadística (IC 95%: 0,39-1,32).

Sin embargo, no hubo diferencias entre las estimaciones agrupadas en aquellos con o sin antecedentes de riesgo hereditario, ya que el valor p para la comparación entre grupos fue de 0,586.

Dado que los antecedentes familiares, a menudo, son un indicador de la susceptibilidad genética, estos autores plantearon inicialmente la hipótesis de que los que, teniendo tales antecedentes, practicaran actividad física se beneficiarían con una reducción mayor del riesgo de sufrir cáncer de colon.

Así, el mayor riesgo de cáncer colorrectal experimentado por los hijos de padres que han sufrido cáncer de colon, sobre todo, prematuramente, podría verse atenuado por la práctica de actividad física, que resultaría ser una modificación efectiva del estilo de vida en la prevención del cáncer para las personas con riesgo hereditario de este tumor maligno.

Aunque los resultados de este metaanálisis apuntan en esa dirección, los autores reconocen que carece del suficiente poder estadístico para determinar un efecto concluyente en la citada asociación.

Mayor prevención de cáncer de colon con ejercicio físico en obesos

En el análisis de los subgrupos de índice de Masa Corporal (IMC), la estimación agrupada para el riesgo relativo de cáncer colorrectal asociado con la actividad física fue de 0,74 (IC del 95%: 0,66–0,83) en el grupo de IMC más bajo (normopeso) y de 0,65 (IC del 95%: 0,53–0,79) en el grupo de IMC más alto (sobrepeso y obesidad: de 35 30 kg/m3 y superior a 30 kg/m2, respectivamente).

Esto es, la reducción del riesgo de sufrir este proceso maligno mediante la práctica de ejercicio físico regular parecía mayor en los que no tenían sobrepeso y obesidad, aunque en el análisis general la diferencia entre los grupos no fue significativa (p = 0,389).

Este hecho no deja de ser trascendente, pues nos sugiere que la actividad física puede reducir el riesgo de desarrollar este cáncer independientemente del hecho de tener o no sobrepeso/obesidad.

Es preciso referir que, en este metaanálisis, no se encontraron estudios que examinaran el impacto de la actividad física en grupos de individuos con antecedentes de pólipos de colon previos, o en aquellos con factores de riesgo fuertes para este cáncer, como el tabaquismo y el consumo de alcohol. Por ello, se justifica la realización de investigaciones adicionales en estas poblaciones, particularmente en aquellas con adenomas previos, para examinar el potencial preventivo de la actividad física.

Además, tampoco se encontraron suficientes estudios que midieran específicamente el tipo, la frecuencia, la intensidad y la duración de la actividad física para realizar un metaanálisis sobre estos parámetros, que probablemente sean importantes en la carcinogénesis colorrectal. Por lo tanto, se justifica una investigación adicional sobre estos factores en la actividad física.

Conclusiones

Este metanálisis encontró una asociación protectora general estadísticamente significativa entre la actividad física y el riesgo de cáncer colorrectal, sin diferencias estadísticamente significativas entre los subgrupos de FHCRC o IMC. La asociación protectora con la actividad física fue más fuerte en el subgrupo de IMC más alto. El aumento de la actividad física podría tener un beneficio adicional como método de prevención del cáncer en subgrupos de mayor riesgo y puede promoverse en programas de detección para las poblaciones de mayor riesgo”.

Estudios de aleatorización mendeliana

Dado que parece harto complejo evitar absolutamente la presencia de ciertos sesgos en los estudios observacionales, como la confusión residual (asociaciones de otras variables o estilos de vida poco saludables con el sedentarismo o con un nivel bajo de actividad física) y la causalidad inversa (cuando por ejemplo, ante los primeros síntomas de cáncer de colon se decide dejar de practicar actividad física), es necesario contar con estudios experimentales para evitar tales sesgos.

Sin embargo, como resulta difícil implementar tales ensayos por el gran coste económico que comporta controlar a una muestra importante de personas durante un tiempo prolongado (más de cinco años), están desarrollándose otro tipo de estudios que podrían reducir ostensiblemente las variables de confusión y la causalidad inversa, los estudios de aleatorización mendeliana.

Así, al emplear variaciones genéticas como variables instrumentales (polimorfismos puntuales o de un solo nucleótido), tienen mayor capacidad para evitar las citadas variables de confusión (los alelos se asignan aleatoriamente de padres a hijos) y la causalidad inversa (los genotipos que se fijan en la formación del cigoto no podrían verse afectados por el desarrollo de la enfermedad).

Aunque para ello, deben cumplirse tres supuestos o requisitos: primero, las variantes genéticas deben estar asociadas con la actividad física; segundo, no deben asociarse con ningún factor de confusión; tercero, las variantes genéticas ejercen efectos sobre el resultado sólo a través de la actividad física, no a través de otras vías.

Por desgracia, los dos últimos requisitos no siempre se cumplen. No obstante, veamos algunos estudios de aleatorización mendeliana que han tratado este tema.

Prevención de cánceres de colon y de mama con ejercicio físico: un análisis de aleatorización mendeliana (2020)

En enero del 2020 se publicó (Nature Communications) un análisis de aleatorización mendeliana de dos muestras que apreció causalidad en la asociación entre un mayor nivel de actividad física y una reducción del riesgo de cánceres de mama y de colon. Con la particularidad de que midieron objetivamente, con acelerómetro, la intensidad de la actividad física, evitando, así, los sesgos de la autoinformada (como el de recuerdo y la menor precisión). (5)

Método

Para tal fin, los autores del estudio, Papadimitriou y colegas (Sección de Nutrición y Metabolismo, Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, Lyon, Francia), utilizaron datos genéticos resumidos del Biobanco del Reino Unido y consorcios de Asociación del Genoma Completo (GWA).

Actualmente no existe un método estándar para traducir los datos del acelerómetro en valores de gasto energético, como el equivalente metabólico de tareas (MET). Pero si se utilizara un umbral aceptado de actividad moderada (por ejemplo, caminar rápido) de 100 mili-gravedad,  una desviación estándar (1-SD) de aceleración media más alta (~8 mili-gravedad) equivaldría a unos 50 minutos de actividad extra moderada por semana. (6,7)

De manera similar, si se empleara un umbral aceptado de 425 miligravedad para la actividad vigorosa (p. ej., correr), una aceleración media superior en 1 SD sería equivalente a unos 8 minutos de actividad extra vigorosa por semana.

Resultados

Pues bien, en este metaanálisis tal aumento en la actividad semanal se tradujo en un 49 y un 34 % menos de riesgo de desarrollar cáncer de mama y colorrectal, respectivamente. Se observaron mejores resultados en mujeres y en cáncer de colon.

Precisemos que estos autores obtuvieron sus datos de dos GWAS publicados recientemente sobre la actividad física medida por acelerómetro realizada en aproximadamente 91 000 participantes del Biobanco del Reino Unido. Uno, identificó 5 polimorfismos puntuales o de un solo nucleótido (SNP) significativos en todo el genoma ( valor P < 5 × 10-8 ) asociados con la actividad física medida por el acelerómetro; el otro, 10 SNP. (8,9)

Encontramos que los niveles genéticamente elevados de actividad física medida por el acelerómetro se asociaron con menores riesgos de cáncer de mama y colorrectal. Estos hallazgos respaldan firmemente la promoción de la actividad física como una estrategia eficaz en la prevención primaria de estos cánceres comúnmente diagnosticados”, concluyeron los investigadores.

Prevención de cáncer de colon con ejercicio físico independientemente de la presencia de obesidad: estudio de aleatorización mendeliana (2021)

Aunque el estudio de aleatorización mendeliana anterior respalda una asociación causal entre una actividad física más alta, medida por acelerómetro, y un riesgo más bajo de cáncer colorrectal, no tuvo en cuenta el posible efecto de confusión o mediación de la grasa corporal, o sea, de la obesidad.

Para subsanar ese sesgo, investigadores de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido) efectuaron y publicaron (enero 2021, British Journal of Cancer) un estudio de aleatorización mendeliana en el que también emplearon variables instrumentales que evaluaron exhaustivamente la influencia de la grasa corporal, como el índice de masa corporal (IMC), el porcentaje de grasa corporal, la circunferencia de la cintura y las proporciones de grasa en los brazos, el tronco y las piernas. (10)

Obviamente, utilizaron variantes genéticas comunes asociadas con la actividad física moderada a vigorosa autoinformada (AFMVA), así como de la objetivada con acelerómetro (AFAC) y el tiempo sedentario.

Así, analizaron el efecto de estas variables instrumentales en un estudio de asociación de todo el genoma del cáncer colorrectal, con 31 197 casos y 61 770 controles de ascendencia europea mediante la aplicación de diseños de estudio de aleatorización mendeliana multivariable y de dos muestras.

Pues bien, revelaron que el aumento de la actividad física causa una disminución del riesgo de cáncer colorrectal, independientemente de las medidas de obesidad y distribución de la grasa corporal.

Concretamente, por cada aumento de una desviación estándar en la actividad física moderada a vigorosa autoinformada y en la controlada con acelerómetro, el riesgo de cáncer colorrectal disminuyó en un 44 % y un 40 %, respectivamente.

Estas estimaciones indican que si las personas sustituyeran el comportamiento sedentario diario con 20 a 90 minutos de AFMVA o con 13 a 60 minutos de AFAC acumulada, disminuiría su riesgo de cáncer colorrectal en un 40 %.

Conclusiones

Los resultados de este estudio establecen un papel causal de la actividad física, medida subjetiva y objetivamente, en el riesgo de cáncer colorrectal, independientemente de la obesidad y la distribución de la grasa corporal. Nuestros resultados sugieren que promover y facilitar el ejercicio podría resultar en una disminución de la incidencia de cáncer colorrectal, independientemente del peso o la distribución de la grasa corporal de las personas”.

Prevención de múltiples cánceres por parte del ejercicio físico: metaanálisis de estudios observacionales

En junio del 2006 se publicó (JAMA) un metaanálisis de 12 cohortes prospectivas de EE. UU. y Europa, con 1, 4 millones participantes, que reveló una asociación inversa entre la actividad física recreativa (autoinformada)y una reducción del riesgo de 13 tumores malignos. (11)

Así, el efecto antitumoral del ejercicio físico se ha observado en los siguientes tumores malignos: adenocarcinoma esofágico (42% de disminución), cáncer de hígado (27%), cáncer de pulmón (26%), riñón (23%), cardias gástrico (22%), endometrio (21%), leucemia mieloide (20%), mieloma (17%), cáncer de colon (16%), cabeza y cuello (15%), rectal (13%), vejiga (13%) y mama (10%).

Las asociaciones fueron generalmente similares entre individuos con sobrepeso/obesidad y peso normal. El tabaquismo modificó la asociación para el cáncer de pulmón, pero no para otros cánceres relacionados con el tabaquismo.

La actividad física en el tiempo libre se asoció con menores riesgos de muchos tipos de cáncer. Los profesionales de la salud que asesoran a adultos inactivos deben enfatizar que la mayoría de estas asociaciones fueron evidentes independientemente del tamaño corporal o los antecedentes de tabaquismo, lo que respalda la amplia generalización de los hallazgos”, concluyeron los investigadores.

Recomendaciones internacionales de actividad física

Aunque en los estudios anteriormente analizados se aprecia un aparente efecto preventivo de cáncer colorrectal por parte del ejercicio físico, en sus diversas modalidades o dimensiones, niveles y tiempo de esfuerzo, considero adecuado recordar las recomendaciones internacionales, que periódicamente se van actualizando, dada su validez, solvencia y capacidad de cumplir con los objetivos de salud deseados.

Procedo a plasmar lo que he referido en otros artículos de este blog, véase el dedicado al efecto protector de la COVID-19 mostrado por el ejercicio físico (06-11-2022).

La Organización Mundial de la Salud (OMS), sigue recomendando (2020) que todos los adultos practiquen actividad física aeróbica de intensidad moderada, de 150 a 300 minutos semanales (por ejemplo, caminar a un ritmo vivo, o sea, a un 40% a 59% de la frecuencia cardiaca máxima) o ejercicio físico vigoroso (60% a 89% de la frecuencia cardiaca máxima, corriendo, nadando o ciclismo), de 75 a 150 minutos semanales, o alguna combinación de ambas. (12)

Para alcanzar el objetivo recomendado, una opción es combinar ejercicio físico moderado y vigoroso que satisfaga una demanda igual o superior a 500 a 1000 equivalentes metabólicos de tarea (METs) minutos por semana (considerando que 1 MET es el consumo mínimo de oxígeno que el organismo requiere para mantener las constantes vitales (reposo):  3,5 ml de O2 Kg/min), que corresponden a 5400 a 7900 pasos al día o aproximadamente 4 a 6 kilómetros diarios.

Aunque, en realidad, se considera a un sujeto “físicamente activo”, según estas guías, si efectúa más de 7500 pasos diarios (5,7 km).

Entre los niños y adolescentes, un promedio de 60 min / día de actividad física aeróbica de intensidad moderada a vigorosa durante la semana brinda beneficios para la salud.

También recomiendan una actividad de fortalecimiento muscular regular (ejercicios de fuerza) para todos los grupos de edad, al menos, dos sesiones semanales.  De igual forma, aconsejan una serie de ejercicios de flexibilidad para cada grupo principal músculo-tendinoso y actividades neuromotoras para mejorar el equilibrio, la agilidad, la coordinación y la marcha durante 20 a 30 minutos por día.

Además, se recomienda reducir los comportamientos sedentarios en todo el espectro etario.

Las pautas se dirigen a niños mayores de 5 años, adultos, ancianos y, por primera vez, incluyen recomendaciones específicas para mujeres embarazadas y posparto, así como para personas que viven con enfermedades crónicas o discapacidad.

Se alienta a los países a que adopten y difundan estas nuevas directrices mundiales a las audiencias clave, y las utilicen como base para campañas nacionales sostenidas de comunicación de educación pública que respondan a su contexto nacional y a factores como la cultura, la diversidad étnica y las normas sociales”, afirman los autores de esta guía.

Prevención de cáncer de colon con ejercicio físico: hipótesis plausibles

Se han propuesto diversos mecanismos biológicos para explicar la potencial prevención de cáncer de colon con ejercicio físico. Veamos algunos.

Reducción del tiempo de tránsito intestinal

La capacidad del ejercicio físico para reducir el tiempo de tránsito intestinal y, por ende, el tiempo de contacto de los carcinógenos con la mucosa del colon es una de las hipótesis más esgrimidas para explicar el efecto preventivo de cáncer de colon exhibido por el ejercicio físico, a raíz de demostrarse mediante un clásico estudio experimental que la actividad física acortaba el citado tránsito intestinal. (13)

El aumento del peristaltismo intestinal (motilidad) y la susbsiguiente disminución del tránsito intestinal también lo induciría el ejercicio físico a través de su efecto reductor de la síntesis de una sustancia, la prostaglandina E2, que tiende a prolongarlo. (14)

Además, la prostaglandina E2 puede promover la generación de tumores directamente o a través de sus efectos multifacéticos sobre la inflamación. (15)

Reducción concentración sanguínea de insulina

Otra hipótesis plausible surge de un hecho atribuible al ejercicio físico: la reducción de la concentración sanguínea de insulina y factores de crecimiento similares a la insulina, que no sólo promueven la proliferación celular en el tejido mamario y colorrectal, sino también el desarrollo de cánceres en estos sitios. (1620)

Potenciación de la inmunidad innata y adquirida

Otro potencial efecto antitumoral del ejercicio físico está vinculado a su capacidad de potenciar la inmunidad innata y adquirida, con una mayor y mejor vigilancia y eliminación de células cancerosas. (21,22)

Efectos antioxidantes y antiinflamatorios

Por otra parte, los efectos antioxidantes y antiinflamatorios del ejercicio físico, con reducción de reconocidos marcadores inflamatorios en sangre (proteína C reactiva, interleucina 6producida por monocitos o macrófagos  y factor de necrosis tumoral alfa), merced a su capacidad de aumentar la actividad de las enzimas antioxidantes, también contribuirían a su efecto antitumoral. (2325)

Protección de la integridad de nuestro material genético

También el efecto protector de la integridad genética exhibido por el ejercicio físico, gracias a que retrasa el acortamiento acelerado de los extremos de los cromosomas (telómeros) y, por ello, favorece que nuestra edad biológica sea menor que la cronológica, podría contribuir a su efecto preventivo de cáncer. (26)

Mejora de la microbiota intestinal

Además, la práctica regular de actividad física incide en una mejora de la diversidad y riqueza de la microflora intestinal, evitando así desequilibrios o disbiosis, los cuales se han asociado con un mayor riesgo de varios tumores malignos, incluyendo cánceres de mama y colorrectal. (27)

Conclusiones

La prevención de cáncer de colon con ejercicio físico se basa en hallazgos de estudios prospectivos observacionales, metaanálisis de los mismos y estudios de aleatorización mendeliana. Unos, los observacionales, apreciando asociaciones significativas entre la práctica regular de ejercicio físico y una reducción del riesgo de cáncer de colon. Los otros, los de aleatorización mendeliana, revelando asociaciones más causales que posibles.

Además, como tantas veces referimos en contenidos de este blog (entradas, artículos), la práctica regular de ejercicio físico aeróbico y de fuerza es una excelente estrategia de prevención primaria de enfermedades crónicas no comunicables, principales causas de enfermar y morir en el mundo.

En fin, se antoja crucial implementar estrategias educativas para concienciar a la gente de la necesidad de practicar ejercicio físico desde la más tierna infancia, complementadas con acciones sociopolíticas y comunitarias que aseguren el éxito de las primeras. De esta suerte,   nuestro reloj biológico (telómeros) nos gratificará prolongando saludablemente nuestra existencia, incrementando nuestra esperanza de vida en buena salud.

                                                                                      Dr. Félix Martín Santos

Bibliografía:

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  2. Terry Boyle , Tessa Keegel, Fiona Bull, Jane Heyworth, Lin Fritschi. Physical activity and risks of proximal and distal colon cancers: a systematic review and meta-analysis.J Natl Cancer Inst. 2012 Oct 17;104(20):1548-61. doi: 10.1093/jnci/djs354. Epub 2012 Aug 22
  3. Domain-specific physical activity and sedentary behaviour in relation to colon and rectal cancer risk: a systematic review and meta-analysis . Shahid Mahmood, Robert J MacInnis, Dallas R English, Amalia Karahalios, Brigid M Lynch. International Journal of Epidemiology, Volume 46, Issue 6, December 2017, Pages 1797–1813, https://doi.org/10.1093/ije/dyx137
  4. Eileen Shaw , Megan S Farris , Chelsea R Stone, Jeroen W G Derksen, Rhys Johnson, Robert J Hilsden, Christine M Friedenreich, Darren R Brenner. Effects of physical activity on colorectal cancer risk among family history and body mass index subgroups: a systematic review and meta-analysis. BMC Cancer. 2018 Jan 11;18(1):71. doi: 10.1186/s12885-017-3970-5.
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2 Comentarios

  1. Muchas gracias, Félix.

    Cómo siempre, dando base científica a una vida saludable…

    Nuestro mayor agradecimiento…

    Responder
  2. Muy interesante ,Felix, este artículo, evidentemente para los que tenemos antecedentes familiares de cancer de colon por una parte, y por otra parte padecemos obesidad, el ejercicio fisico supone una gran ayuda para prevenir este cáncer.
    Muy interesantes las hipótesis plausibles que comentas al final de tu artículo
    Muchas gracias

    Responder

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