Efecto preventivo de asma exhibido por la Dieta Mediterránea (primera parte)

Efecto preventivo de asma por la Dieta Mediterránea: ensalada con tomate, lechuga, cebolleta y bonito, bien aliñada con aceite de oliva virgen extra, aporta numerosos antioxidantes (carotenoides, vitaminas, polifenoles…) además de ácidos ómega 3 (por el bonito), de efectos antiinflamatorios y reparadores de anomalías del ADN.

Efecto preventivo de asma por la Dieta Mediterránea: ensalada con tomate, lechuga, cebolleta y bonito, bien aliñada con aceite de oliva virgen extra, aporta numerosos antioxidantes (carotenoides, vitaminas, polifenoles…) además de ácidos ómega 3 (por el bonito), de efectos antiinflamatorios y reparadores de anomalías del ADN.

Introducción

Diversos estudios científicos están revelando que una buena adherencia a un patrón dietético saludable como la Dieta Mediterránea, se asocia con un efecto preventivo de asma bronquial, merced a la acción combinada de los nutrientes aportados por los alimentos que la integran, usualmente frescos y de temporada, que hace que se amplifiquen sus efectos antioxidantes, antiinflamatorios y reparadores de anomalías del ADN (sinergismo por potenciación). Así, contribuye a evitar o mitigar los fenómenos oxidativos e inflamatorios involucrados en la génesis y desarrollo de las enfermedades crónicas no comunicables, primeras causas de enfermar en el mundo, de las que el asma, enfermedad crónica más frecuente en la infancia, es un inequívoco representante.

En dos artículos publicados previamente en este blog, analizamos la epidemiología, etiología y diagnóstico de esta prevalente enfermedad respiratoria,B1 así como abundamos en el efecto protector exhibido por el ejercicio físico regular, según lo observado y constatado en una serie de estudios experimentales.B2

Estudios prospectivos que evalúan cohortes de parejas de madres gestantes e hijos   

a) Estudio pionero: estudio cohorte prospectivo madre-hijo INMA (Infancia y Medio Ambiente)-Menorca

  En enero del 2008 se publicó en la revista oficial de la Sociedad Británica de Neumología (Thorax) un excelente estudio prospectivo, que reveló, por primera vez, una asociación inversa entre una alta adherencia a la Dieta Mediterránea durante la gestación y el riesgo de asma y atopia en los hijos resultantes.1

Los autores, Chatzy, Sunyer y colegas, tras estudiar a 460 parejas de madres e hijos, residentes en Menorca (España), desde el embarazo hasta que los niños cumplieron 6,5 años, observaron que una alta adherencia a la Dieta Mediterránea de las madres se asoció con una significativa reducción del riesgo de sufrir sibilancias persistentes (sonido agudo y chillón al paso del aire por unos bronquios estrechos, síntoma sugestivo de asma) y alergia o atopia por parte de sus hijos: 78% y 45%, respectivamente, con respecto a los niños cuyas madres se adhirieron escasamente a  este modelo dietético.

Aclaremos que la dieta materna durante el embarazo y la ingesta alimentaria de los niños a los 6,5 años se evaluaron mediante cuestionarios de frecuencia alimentaria.

Los síntomas respiratorios sugestivos de asma de los niños, a lo largo del seguimiento, se recogieron mediante cuestionarios específicos, que completaron los padres, en tanto, que el diagnóstico de alergia se obtuvo realizando a los niños pruebas alérgicas cutáneas, con los seis neumoalérgenos más comunes. Así pudo comprobarse que el 13% de los niños presentaron sibilancias y el 17% dieron positivo en las pruebas alérgicas.

La ponderación del grado de adherencia materna a la Dieta Mediterránea se determinó con el índice de Trichopoulou (MDS)2, en el que, obviamente, no se incluyó el consumo moderado de vino, absolutamente desaconsejado (prohibido) durante la gestación, además de considerar a la leche y lácteos como alimentos beneficiosos (al contrario que Trichopulou), pero sí se incluyeron el resto de componentes de este índice (fruta, verdura, legumbres, frutos secos, aceite de oliva virgen extra, pescado…).

El grado de adherencia de los niños a este patrón dietético se evaluó por el índice de KidMed, específicamente diseñado para ellos. Curiosamente, en este estudio, no se observó una asociación entre este índice y las sibilancias y alergia de los niños implicados, por lo que el beneficio resultó depender exclusivamente de la alimentación materna con productos frescos y de temporada a lo largo de su embarazo.

¿A qué atribuyeron estos autores el efecto preventivo de asma de la Dieta Mediterránea consumida por la madre durante el embarazo?

Pues lo atribuyeron a la alta exposición fetal a numerosos compuestos de efectos antioxidantes y antiinflamatorios que ejercerían sus saludables efectos en plena organogénesis, sobre todo, de órganos de un lento desarrollo como los del aparato respiratorio y el sistema inmune. De esta forma, se reduciría el riesgo de desarrollar asma, una enfermedad inflamatoria crónica de las vías aéreas, que, además, es la enfermedad inflamatoria crónica más prevalente en la infancia, como dijimos al principio.

Muchos de estos antioxidantes proceden de la fruta, vegetales y legumbres, muy ricos en carotenoides, flavonoides, selenio, vitaminas C y E, entre otros.

También hay que destacar al producto estrella de la Dieta Mediterránea, el aceite de oliva virgen extra, muy rico no sólo en ácido oleico sino también en potentes antioxidantes, como el hidroxytyrosol, oleuropeína y oleocantal. Incluso ya se ha documentado que cuando la madre consume regularmente aceite de oliva durante el embarazo (tanto para ensaladas como para cocinar) se aprecia una reducción del riesgo de asma durante el primer año de vida del niño.3

El consumo pescado azul, como el salmón de la imagen, se asocia con una reducción riesgo de asma

Efecto protector/preventivo de asma por la Dieta Mediterránea: el pescado azul, fuente principal de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, los ácidos omega-3 (docosahexanoico y docosapentanoico), de notables efectos antiinflamatorios, podría reducir significativamente el riesgo de asma y enfermedades alérgicas en la infancia, cuando lo consume regularmente la madre durante el embarazo, según diversos estudios prospectivos

Por otra parte, otro alimento característico de este modelo dietético, el pescado, es la fuente principal de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, los famosos ácidos omega-3 (docosahexanoico y docosapentanoico), que exhiben notables efectos antiinflamatorios, que podrían reducir significativamente el riesgo de asma y enfermedades alérgicas en la infancia, cuando lo consume regularmente la madre durante el embarazo, como se ha observado en diversos estudios prospectivos. 46

Tampoco olvidemos a los cereales integrales, con el grano entero, el que posee los tres elementos de la semilla: endosperma, salvado y germen. En cambio, las harinas más frecuentemente empleadas, las refinadas, carecen del salvado y del germen, y, por tanto, prescinden de la mayor parte de la fibra, minerales (zinc, cobre, magnesio), vitaminas (E y B) y otros antioxidantes (ácidos fenólicos y ácido fítico). También se han publicado varios estudios que han mostrado un cierto efecto protector de asma infantil por parte de los citados granos enteros.7,8

b) Adherencia a la dieta mediterránea durante el embarazo y riesgo de sibilancias y eccema en el primer año de vida: estudios de cohortes madre-hijo de INMA (España) y RHEA (Grecia)

En mayo del 2013 se publicó en una revista de prestigio (British Journal of Nutrition) el primer estudio prospectivo que ha evaluado la asociación entre la adherencia a la Dieta Mediterránea durante el embarazo y el riesgo de sibilancias y dermatitis atópica en el primer año de vida.9

Los investigadores, también el grupo de Chatzi y Sunyer, tras evaluar a 1771 parejas madre-recién nacido del estudio multicéntrico español ‘INMA’ (Infancia y Medio Ambiente) (Gipuzkoa, Sabadell y Valencia) y a 745 parejas del estudio ‘RHEA’ en Creta (Grecia), no observaron asociaciones significativas entre la adherencia a una Dieta Mediterránea y la presencia de sibilancias y eccema en sus hijos de un año de edad.

Sin embargo, la ingesta alta de carne y el consumo de carne procesada durante el embarazo se asociaron con un mayor riesgo de sibilancias en el primer año de vida, mientras que una ingesta alta de productos lácteos se asoció significativamente con un menor riesgo de sibilancias infantiles (RR 0,83; IC del 95%: 0,72; 0,96).

La evaluación del grado de adherencia materna a la Dieta Mediterránea también se determinó con el índice de Trichopoulou (MDS).

Huelga decir que el aparato estadístico utilizado por los autores fue muy riguroso (modelos de regresión logística binomial multivariante, para ajustar varios factores de confusión en cada cohorte y las estimaciones resumidas se obtuvieron mediante un metanálisis).

No obstante, es necesario precisar que las sibilancias que acontecen durante el primer año de vida no siempre son síntomas de asma, pues una parte relevante de estos bebés dejan de sufrirlas poco después (sibilancias transitorias por broncoconstricción, inducidas por procesos víricos). Quizá por ello, no se ha apreciado una asociación inversa entre el citado modelo dietético y las sibilancias al año de vida, pero sí a los 6.5 años, como se apreció en el estudio anterior.

De todas formas, este resultado no concuerda con los de un metaanálisis, de autoría china, publicado en abril del 2019 (Pediatric/Pulmonology), en el que, tras evaluar 18 estudios observacionales, observaron que una alta adherencia a la Dieta Mediterránea durante el embarazo se asoció con una menor incidencia de sibilancias en los primeros 12 meses (OR, 0,92; intervalo de confianza [IC] del 95%, 0,88-0,95; P  <0,001). 10

¿Cómo interpretar la asociación entre un mayor consumo de carne y carnes procesadas durante la gestación y sibilancias y eccema al año de vida? 

Es muy posible que la posible causalidad de esta asociación esté relacionada con el marcado carácter inflamatorio derivado de la notable presencia de ácidos grasos saturados de la carne y, sobre todo, de la riqueza de ácidos grasos trans y conservantes, como los nitritos, de las carnes procesadas y productos cárnicos.

Así, algún estudio ha revelado una asociación entre el consumo de ácidos grasos trans industriales y un aumento de la inflamación, así como del riesgo de asma y alergia (Weiland, von Mutius y Husing).11 Sin embargo, los ácidos grasos trans de rumiantes en la leche materna se han relacionado con un menor riesgo de eccema y sensibilización alérgica en niños antes de los 4 años12,13

Por otra parte, los nitritos en absoluto son inocuos, pues generan especies de nitrógeno reactivo que podrían ampliar los fenómenos inflamatorios en las vías aéreas y en el pulmón, dado que dañan el ADN, inhiben la respiración mitocondrial y provocan estrés “nitrosativo”, como destacan los autores de esta investigación, basándose en publicaciones previas.14

Siguiendo con esta línea argumental, diversos estudios transversales han mostrado una asociación entre un mayor consumo de hamburguesas en la infancia y una mayor prevalencia de asma.1517 

¿Cómo es posible una asociación inversa entre un mayor consumo de lácteos durante el embarazo y las sibilancias y eccema? 

Pues es posible que tal asociación se deba al alto contenido en calcio o/y de probióticos (microorganismos que enriquecen la microbiota intestinal) de los productos lácteos, sin desdeñar su riqueza en vitamina A.

Así, un estudio de cohortes de nacimiento en Japón ha revelado que un mayor consumo de calcio y lácteos durante el embarazo se asocia con un menor riesgo de sibilancias infantiles (16-24 meses).18

Kefir de leche, reductor riesgo de asma infantil cuando la madre lo consume durante la gestación, por sus efectos inmunomoduladores y antialérgicos, al mejorar la microbiota intestinal.

El kéfir de leche, excelente probiótico que incrementa la riqueza y diversidad de la microbiota intestinal, exhibe relevantes efectos inmunomoduladores/antialérgicos y muy posiblemente reductores del riesgo de asma infantil cuando la madre lo consume durante la gestación.

De igual manera, el estudio de cohorte de nacimiento de Prevención e Incidencia de Asma y Alergia a los Ácaros (PIAMA) en los Países Bajos ha mostrado una asociación inversa entre la ingesta materna de productos lácteos y las sibilancias infantiles en los primeros 8 años de vida.19

Acorde con lo anterior, en la cohorte nacional danesa de nacimientos, el consumo materno de leche entera y yogur con toda la grasa, durante el embarazo, se asoció inversamente con el asma infantil a los 18 meses, mientras que la ingesta de yogur con poca grasa se relacionó directamente con un mayor riesgo de asma infantil y rinitis alérgica a esa edad.20 Quizá algo tenga que ver, con tal asociación, el hecho de que la leche tiene ácidos grasos saturados de cadena media y que los ácidos grasos trans naturales de la leche, a diferencia de los industriales, no parecen aumentar el riesgo de alergia en los niños, sino al contrario, como antes dijimos.

c) Estudio longitudinal Avon (Reino Unido) de madres gestantes e hijos: mejor función respiratoria

En marzo del 2020, se publicó en la revista oficial de la Sociedad Europea de Neumología (European Respiratory Journal) el Estudio Longitudinal de Padres e Hijos de Avon (ALSPAC), cuyo objetivo principal fue evaluar las asociaciones entre la puntuación de la Dieta Mediterránea materna durante el embarazo y asma, sibilancias, eccema, fiebre del heno, atopia y función pulmonar en 8907 niños de 7 a 9 años.21 También se investigó la interacción entre la Dieta Mediterránea materna y el tabaquismo materno durante el embarazo.

Aunque en este estudio británico la puntuación de la Dieta Mediterránea materna no se asoció con el asma ni con otros resultados alérgicos, sí se apreciaron asociaciones significativas entre una buena adherencia a este modelo dietético, por parte de las madres gestantes, y la función respiratoria de sus hijos a los 8,5 años de edad, pues la espirometría con curva flujo volumen reveló mayores flujos en la pequeña vía aérea , esto es, el flujo espiratorio medio máximo en sus hijos (flujo espiratorio forzado al 25-75% de la capacidad vital forzada (FEF 25-75%), fue significativamente mayor en los niños cuyas madres adquirieron mayor puntuación (4 a 7 puntos en el índice de Trichopoulou modificado, el utilizado por Chatzy y colegas, en su cohorte de Menorca), que en los nacidos de madres con menor adherencia (0 a 3 puntos), siempre y cuando no fueran fumadoras activas durante la gestación.

¿Cómo valoraron el asma en este estudio?

Pues se dio credibilidad a las respuestas emitidas por las madres a las preguntas sobre la presencia de asma en sus hijos de 7,5 años:  «¿Alguna vez un médico dijo que su hijo tiene asma?» o “¿ha tenido su hijo silbidos (sibilancias) o asma en los últimos 12 meses?

Aunque la función pulmonar se midió con espirometría y curva flujo volumen, como antes dijimos, en ningún momento mencionaron en este estudio si hallaron o no un dato objetivo y fiable de asma, la obstrucción bronquial variable y reversible (con prueba broncodilatadora positiva). Hecho tampoco evaluado en otros estudios (factible a partir de los 5 años de edad).

Por otra parte, los datos sobre la dieta materna durante el embarazo se recopilaron mediante un cuestionario de frecuencia alimentaria (FFQ), a las 32 semanas de gestación, que cubría los principales alimentos consumidos en Gran Bretaña en ese momento.

Los investigadores de este estudio tuvieron el mérito de destacar que la Dieta Mediterránea se basa en valores medianos específicos de poblaciones de la cuenca mediterránea, por lo que es posible que no se adapte a países no mediterráneos como el Reino Unido, en los que la ingesta media de algunos alimentos específicos puede ser menor y es posible que se pierdan los posibles efectos beneficiosos, como, por ejemplo, el aceite de oliva virgen extra. “Reconocemos que esto podría ser una explicación de por qué se encontró una asociación entre la Dieta Mediterránea materna y el asma infantil en niños de Menorca (es decir, una población mediterránea) y no en niños de EE. UU.22 o en niños de nuestro estudio, ALSPAC”, precisaron Bédard y colegas, autores de esta investigación.

¿Qué puede representar un aumento de los flujos en la pequeña vía aérea?

Pues un aumento de los flujos en la pequeña vía aérea, bronquios de un diámetro inferior a 2 mm (bronquiolos terminales, bronquiolos respiratorios, conductos y sacos alveolares) siempre es un logro, dado que su defecto se ha asociado con un mal control del asma, incluso en pacientes sin aparente obstrucción bronquial en la espirometría (VEMS o FEV1/FVC superior al 70% y FEV1 superior al 80%).23,24

Por otra parte, en los fumadores activos la pequeña vía aérea suele resentirse del estrés oxidativo generado por la inhalación del humo del tabaco. Así, desde tiempo ha, se ha considerado un signo precoz de evolución a la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), tercera causa de muerte.

d) Estudio de cohorte de generaciones cruzadas de Lifeways: el potencial inflamatorio y la calidad de la dieta están asociados con el riesgo de asma en la descendencia a los 10 años

Un mes antes, en febrero del 2020 se publicó en la revista oficial de la Sociedad Americana de Nutrición (American Journal of Clinical Nutrition) el primer estudio que reveló cómo una dieta proinflamatoria y de baja calidad durante el embarazo se asocia con un mayor riesgo de asma en la descendencia, al contrario que una dieta saludable.25

Se trata de un estudio prospectivo irlandés (Lifeways Cross-Generation Cohort Study), con 862 parejas madre-hijo, en el que sus autores evaluaron la dieta materna (primer trimestre) mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos, con el que calcularon las puntuaciones del Índice Inflamatorio Dietético (Dietary Inflammatory Index: E-DII) y el Índice de Alimentación Saludable (Healthy Eating Index: HEI) -2015 ajustados por energía, en tanto que el asma de sus hijos lo valoraron en tres momentos, a los 3, 5 y 9 años.

Pues bien, tras 10 años de seguimiento, comprobaron que cada incremento en una desviación estándar del E-DII materno se asoció con un 35% más de riesgo de asma en la descendencia (OR = 1,35; IC del 95%: 1,10, 1,65; P  = 0,004). Por el contrario, cada aumento en una desviación estándar de la puntuación de HEI-2015 materna se asoció con un 23% menos de riesgo de asma en la descendencia (OR = 0,77; IC del 95%: 0,64; 0,93; P  = 0,006).

En los análisis de puntos de tiempo de seguimiento individual, una puntuación E-DII materna más alta se asoció con un mayor riesgo de riesgo de asma en la descendencia en los años 3, 5 y 9 (todos P <0,05). De manera similar, una puntuación de HEI-2015 materna más alta se asoció con un menor riesgo de asma en la descendencia en todos los momentos del seguimiento, aunque se observó significación estadística sólo para el tercer año.

A efectos prácticos, una dieta rica en ultraprocesados, bollería industrial, refrescos azucarados y grasas trans, como la denominada Comida Basura o Chatarra, obtendrá una alta puntuación en el índice Inflamatorio Dietético, pues aumenta los biomarcadores inflamatorios elegidos. Sin embargo, una dieta a base de productos frescos y de temporada, a base de fruta, verdura, frutos secos, legumbres, granos enteros, pescado, aceite de oliva virgen extra, como la Dieta Mediterránea u otra similar, exhibirá un verdadero efecto antiinflamatorio.

¿Cómo han valorado el asma en este estudio?

Se valoró en tres momentos: a los tres años, preguntando directamente a los médicos si habían efectuado o no el diagnóstico de asma a los niños del estudio; a los cinco años, tras responder los padres si algún médico había diagnosticado de asma a su hijo; y a los 9 años, cuando la información se obtuvo tanto de los médicos como de los padres.

Como en todos estos estudios, se controlaron variables de confusión que pueden asociarse a la dieta y que por sí solas pueden incrementar o reducir el riesgo de asma, como el tabaquismo, el alcohol, la lactancia materna, el grado de actividad física de los niños, el tiempo que dedican a ver la televisión (sedentarismo), educación materna, estatus socioeconómico familiar, calidad de la dieta de los niños, peso de la madre, entre otras.

¿Cómo interpretamos estos resultados?

En principio, se trata del primer estudio que ha mostrado una asociación entre una dieta de mala calidad, proinflamatoria, con una alta puntuación del Índice Inflamatorio Dietético durante el embarazo y un mayor riesgo de asma en la descendencia, a la edad de 10 años.

Los autores consideran que sus resultados son concordantes con los de la cohorte madre-hijo INMA-Menorca, pues también se apreció una boyante influencia intergeneracional entre una dieta saludable, a base de productos frescos y de temporada, como la Dieta Mediterránea seguida por las madres durante su embarazo y un menor riesgo de asma en sus hijos, a la edad de 6,5 años.

También inciden en cuán importante es optimizar todos los factores, todos los estilos de vida adoptados durante la gestación que conduzcan a un buen desarrollo de los órganos y aparatos del ser humano, véase el aparato respiratorio y el sistema inmune, como una dieta saludable, rica en antioxidantes y antiinflamatorios, además de evitar todo lo que genere toxicidad, oxidación, inflamación y daño del material genético, como el tabaco, el alcohol, la ingesta de ultraprocesados, entre otros.

Es indudable que tal estrategia puede permitir un mejor desarrollo del sistema inmune y del aparato respiratorio de la progenie, verdaderamente afortunada por los saludables estilos de vida de sus madres. De esta suerte, al evitar fenómenos oxidativos e inflamatorios, parece lógico que enfermedades crónicas, cuyo hecho patogénico fundamental es la inflamación crónica, perdurable y amplificable a lo largo del tiempo, no acontezcan, como parece suceder con el asma, la enfermedad crónica más frecuente en la infancia, como antes dijimos.

Dr. Félix Martín Santos

 

Bibliografía

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