Efecto antiobesigénico del café

Efecto antiobesigénico del café: Jaime Alejos, campeón de España de cata de café (campeonato organizado por la SCA: Sociedad de Cafés de Especialidad), representando a España en el campeonato del mundo de cata del 2019 (Speciality Coffee Association).

Efecto antiobesigénico del café: Jaime Alejos, campeón de España de cata de café (campeonato organizado por la SCA: Sociedad de Cafés de Especialidad), representando a España en el campeonato del mundo de cata del 2019 (Speciality Coffee Association).

  1. Prevalencia
  2. ¿A qué puede atribuirse la mayor prevalencia de obesidad en las clases más desfavorecidas?
  3. Gravedad y coste

Introducción

Un efecto antiobesigénico del café se está vislumbrando a la luz de los conocimientos científicos actuales. Lo que, si se confirmara, sería muy bien recibido, pues la actual pandemia de obesidad es una prioridad de salud pública mundial.

Por ello, es preciso implementar estrategias efectivas para prevenirla y tratarla, consensuadas por sociedades científicas y respaldadas sociopolíticamente. Entre las que destacan el fomento de la actividad física y una dieta saludable, como la Dieta Mediterránea, y muy probablemente,  el consumo regular de café.

 Importancia 

El sobrepeso (Índice de Masa Corporal o IMC: 25 a 29,9 kg / m2) y la obesidad (IMC: ≥ 30 kg / m2) deben priorizarse en todo estudio de necesidades por tratarse de enfermedades muy frecuentes, graves y costosas, sobre todo, la obesidad. Tanto es así como para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la dedique un día, el 4 de marzo, Día Mundial de la Obesidad.

Prevalencia

En cuanto a su frecuencia, la organización Mundial de la Salud (OMS) destaca, en un informe de abril del 2020, que, desde hace cuatro décadas (de 1975 a 2016), la obesidad se ha triplicado en los adultos de todo el mundo, en tanto que en los niños y adolescentes se ha multiplicado por diez. (1)

Así, en 2016, el 39% de los adultos de 18 o más años (un 39% de los hombres y un 40% de las mujeres) tenían sobrepeso (más de 1900 millones) y el 13% de la población adulta mundial (un 11% de los hombres y un 15% de las mujeres) eran obesos (650 millones). En cuanto a los niños respecta, el 18% de niños y adolescentes tenían sobrepeso, mientras que el 7% sufrían obesidad.

En nuestro país, según el informe sobre prevalencia de sobrepeso y obesidad en España, efectuado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) y el Ministerio de Sanidad (The heavy burden of obesity), la prevalencia de obesidad se ha incrementado un 2,4% en las tres últimas décadas. Así, la padecen el 17,4% de los adultos (18,15%, en varones; 16,68%, en mujeres), mientras que el 37,10% sufre sobrepeso (44,31%, en hombres; 30, 04%, en mujeres). (2)

En este informe revelan que la desigualdad social hace que la obesidad se cebe más en las clases sociales más desfavorecidas, al igual que en el resto del mundo. No olvidemos que la desigualdad social es la principal causa de enfermar y morir en el mundo, según el informe Lalonde (primer ministro de Canadá en 1974). (3)

Si nos centramos en los niños pequeños de nuestro país (de 6 a 9 años), se aprecia, según el Estudio ALADINO 2019 sobre la Alimentación, Actividad Física, Desarrollo Infantil y Obesidad en España, que el 23,3% tienen sobrepeso y el 17,3% tienen obesidad. (4)

Del análisis por categorías sociales se desprende, de nuevo, que las familias con ingresos más bajos, inferiores a 18.000 euros y cuyos progenitores no tienen estudios superiores ni trabajo remunerado conforman el colectivo más vulnerable al exceso de peso.

¿A qué puede atribuirse la mayor prevalencia de obesidad en las clases más desfavorecidas?

Este desajuste social se debe, en gran parte, a los peores hábitos alimentarios de estos niños y niñas. Lamentablemente, acuden más a establecimientos del tipo fast food, ingieren diariamente menos fruta y consumen golosinas más frecuentemente. Sin embargo, los menores de familias con rentas superiores a 30.000 euros, con estudios universitarios presentan una mayor adherencia a la dieta mediterránea, con un consumo diario de frutas, verduras, legumbres, pescado y aceite de oliva virgen extra, como aceite de elección.

Gravedad y coste

Es preciso saber que la obesidad es una enfermedad inflamatoria crónica que cursa persistentemente con inflamación de bajo grado. (57)

Por lo que incrementa el riesgo de desarrollar otras enfermedades en las que la inflamación es su hecho patogénico capital. Véase, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial,  diabetes tipo 2, síndrome metabólico, e incluso ciertos cánceres ( mama, próstata, riñón, colon, endometrio, páncreas, vesícula biliar, tiroides y esófago). (8)

Además, es un gran factor de riesgo de artrosis en grandes articulaciones (rodillas y cadera), gran causa de morbilidad y sufrimiento humano. Globalmente, la obesidad contribuye a incrementar notablemente la tasa de mortalidad total.

Según un reciente informe del Banco Mundial, se prevé que en los próximos 15 años los costes de la obesidad ascenderán a más de 7 billones de dólares (6.369 millones de euros) en los países en desarrollo. (9)

Obesidad: factor de riesgo, gravedad y mal pronóstico de COVID-19

En noviembre del 2020 se publicó (Obesity) una revisión y metaanálisis de 75 estudios observacionales, (desde enero hasta junio del 2020), que evaluaron asociaciones entre el sobrepeso y obesidad con el riesgo y gravedad de la COVID-19. (10)

Los autores analizaron datos de 399. 461 pacientes infectados por el SARS CoV-2 (el 55% varones), pertenecientes a 10 países de Asia, Europa, América del Norte y América del Sur. Así, observaron que las personas con obesidad tenían un 46% más de riesgo de sufrir la COVID-19. Así como un intenso riesgo de sufrir complicaciones: hospitalización (113% mayor: OR = 2,13; IC 95%, 1,74-2,60; p <0,0001), ingreso en UCI (74% superior), y superior riesgo de muerte (48%), con respecto a los no obesos.

Además, dado el exceso de inflamación y cierto defecto inmune inherentes a los estados de obesidad, se teme que las vacunas para evitar la COVID-19 resulten menos efectivas en los pacientes con sobrepeso y obesidad, que constituyen el 52% de la población mundial (39%, con sobrepeso; 13%, con obesidad).

Por otra parte, los estados de confinamiento de poblaciones, cuarentenas de contactos estrechos y aislamientos de los casos confirmados, han propiciado conductas obesigénicas, como un mayor consumo de ultraprocesados  (comida chatarra) y sedentarismo manifiesto.

 Prevención

Es obvio que el sobrepeso y la obesidad se desarrollan cuando hay un desequilibrio entre el consumo y el aporte energético. Usualmente por un aumento del sedentarismo, que reduce el gasto energético, y un incremento del consumo desmedido, por dietas hipercalóricas ricas en azúcares y grasas trans. Propias de los alimentos ultraprocesados, como refrescos azucarados y bollería industrial (incluso la casera).

En consecuencia,  para reducir el riesgo de sufrir tales procesos (prevención primaria) habrá que adoptar y seguir estilos de vida más saludables. Justamente los opuestos a los mencionados:  incremento de la actividad física regular y adherirse a dietas saludables,  a base de productos frescos y de temporada, como la Dieta Mediterránea.

Tales estrategias contribuyen decisivamente a prevenir y tratar el temible Síndrome Metabólico.

Sufrir un Síndrome Metabólico (SM) no es un asunto baladí, pues incrementa mucho el riesgo de sufrir y morir por procesos cardiovasculares (infarto agudo de miocardio, angina de pecho, insuficiencia cardiaca por enfermedad coronaria…) e ictus, entre otros procesos. Sólo hay que ver cuáles son sus criterios diagnósticos para cerciorarnos de tal hecho.

Criterios diagnósticos de síndrome Metabólico

El diagnóstico del SM requiere la presencia en una misma persona de, al menos, tres de los cinco criterios siguientes:

1. Circunferencia de cintura abdominal ≥ 102 cm en los varones y ≥ 88 cm en las mujeres.

2. Glucemia en ayunas ≥100 mg/dl o recibir medicamentos antidiabéticos.

3. Presión arterial sistólica ≥ 130 mmHg o diastólica ≥ 85 mm Hg o recibir medicación antihipertensiva.

4. Aumento de la concentración sanguínea de triglicéridos (trigliceridemia) ≥150 mg/dl.

5. Colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad (HDL) en suero ≤ 40 mg/dl en los varones y ≤ 50 mg/dl en las mujeres.

Como podemos ver, el Síndrome Metabólico incluye una serie de factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad abdominal, hipertensión arterial, dislipemia y aumento de sensibilidad a la insulina.

Efecto antiobesigénico del café: estudios epidemiológicos

En las siguientes líneas vamos a analizar los principales estudios epidemiológicos que han revelado cómo el consumo regular de café puede exhibir un efecto preventivo de sobrepeso y obesidad. Obviamente, la práctica regular de actividad física y una dieta saludable normocalórica, para prevenirla, e hipocalórica, para tratarla, siguen siendo las estrategias preventivas y terapéuticas fundamentales, como antes referimos.

Consumo habitual de café y predisposición genética a la obesidad

El 9 de mayo del 2017 se publicó (BMC Medicine) el fruto de una investigación llevada a efecto por miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, cuyo principal objetivo fue evaluar si el consumo regular de café podría reducir el riesgo de obesidad en personas predispuestas genéticamente a sufrirla. (11)

Los responsables del estudio decidieron averiguar si el consumo regular de café podría reducir el riesgo de obesidad entre personas proclives genéticamente a desarrollarla. Para ello, se basaron en estudios que habían comprobado interacciones positivas entre el riesgo genético de sufrir obesidad y estilos de vida obesigénicos, como un mayor consumo de refrescos azucarados (12) y/o de fritos (13)

Así, se valieron de tres conocidas cohortes de personas (EEUU) que, desde hace más de 20 años, están siendo seguidas y evaluadas, a fin de apreciar cómo diversos estilos de vida (dietéticos, actividad física, café, entre otros) aumentan o disminuyen el riesgo de desarrollar enfermedades de alta prevalencia.

Concretamente, analizaron las interacciones entre la predisposición genética y el consumo habitual de café en relación con el índice de Masa Corporal (IMC) y el riesgo de obesidad en 5116 hombres del Health Professionals Follow-up Study (HPFS), en 9841 mujeres del Nurses ‘Health Study (NHS) y en 5648 mujeres de la Women’s Health Initiative (WHI). La puntuación de riesgo genético se calculó sobre la base de 77 locus genéticos asociados al IMC. El consumo de café se examinó prospectivamente en relación con el IMC.

¿Qué fue lo que observaron?

Por primera vez, hallaron que un mayor consumo de café podría atenuar las asociaciones genéticas con el IMC y el riesgo de obesidad. De suerte que los individuos con una mayor predisposición genética a la obesidad parecían tener un IMC más bajo asociado con un mayor consumo de café.

Efectivamente, los efectos genéticos combinados sobre el IMC y el riesgo de obesidad entre los que consumían una o más tazas de café fueron aproximadamente un 30% más bajos que entre los que consumían menos de una taza de café.

 Estos hallazgos sugieren que un mayor consumo de café podría disminuir el riesgo genético de desarrollar obesidad.  Desde otra perspectiva, los participantes con mayor predisposición genética a la obesidad parecen tener un IMC más bajo asociado con un mayor consumo de café. En cambio, tal disminución del riesgo de sobrepeso y obesidad no se apreciaba entre los consumidores de café que tenían menor predisposición genética de obesidad.

Lo que sugiere que la asociación entre un mayor consumo de café y una reducción de la adiposidad podría verse reforzada por una mayor predisposición genética, lo que confirma la hipótesis planteada por los responsables de esta investigación.

Efecto antiobesigéncio del café:  metaanálisis de estudios experimentales sobre el efecto de la cafeína

 El 18 de octubre del 2018 se publicó (Journal Food Science and Nutrition), una revisión sistemática y metaanálisis dosis-respuesta de estudios experimentales, cuyo objetivo fundamental fue evaluar una asociación entre el consumo de bebidas con cafeína y la reducción de peso de sujetos con sobrepeso u obesidad franca. Aunque el café es la fuente fundamental, también valoraron bebidas con cola, té verde, cafeína más efedrina por vía oral, entre otras. (14)

Se valieron de estudios publicados hasta noviembre del 2017, en diversas fuentes de datos (MEDLINE, EMBASE, Web of Science y Cochrane Central Register of Controlled Trials). La calidad  de los estudios la evaluaron mediante la herramienta Cochrane de riesgo de sesgo.

Así, seleccionaron 13 estudios experimentales (7 de EEUU, 1 de Alemania, 1 de Hungría, 1 de Noruega, 1 holandés, 1 italiano y 1 iraní), que incluyeron 606 participantes.

Tras un riguroso análisis, observaron que por cada duplicación en la ingesta de cafeína, el peso medio, el IMC y la masa grasa se redujeron en porcentajes del 22%, 17% y 28%, respectivamente (2 veces Beta (20,29 = 1,22, 20,23 = 1,17 y 20,36 = 1,28), con respecto al grupo de control (placebo o agua). Aunque hubo relevante heterogeneidad entre los estudios, con dosis variables de cafeína ( de 100 mg a 600 mg diarios; muchos, con efedrina añadida) y tiempo variable de la intervención (desde 6 a 36 semanas).

En general, el metaanálisis actual demostró que la ingesta de cafeína podría promover la reducción de peso, IMC y grasa corporal.

Efecto antiobesigénico del café: metaanálisis de estudios observacionales

En junio del 2019 se publicó (Nutrients) un metaanálisis de estudios observacionales, diseñados para evaluar asociaciones entre el consumo de café y la adiposidad. Para ello, utilizaron el Índice de Masa corporal (para la obesidad central) o perímetro abdominal (para la adiposidad centrípeta o abdominal). Tanto en variables continuas (media aritmética, desviación estándar, diferencia de medias ponderada) como binarias (cualitativas). (15)

Los autores del estudio, asiáticos de universidades de Corea del Sur (universidades de Seúl y de Dongguk), de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard y de Hannover (Alemania), seleccionaron 12 estudios observacionales (11 transversales y uno prospectivo), 5 asiáticos, 5 europeos y 2 de EEUU.

El consumo de café fue evaluado atendiendo a dos categorías: bajo nivel (0 tazas diarias) y alto nivel (más de 6 tazas diarias).

 ¿Cuáles fueron los resultados?

Pues que un alto consumo de café puede asociarse moderadamente con una reducción del riesgo de obesidad en varones, no tanto en mujeres.

Aunque tal asociación inversa sólo se apreció en la medición de variables cuantitativas continuas del IMC (diferencia ponderada de medias: −0.05 (95% CI −0.09, −0.02) y perímetro abdominal (−0.21 (95% CI −0.35, −0.08).

Cuando la obesidad abdominal y la total fueron objeto de evaluación mediante variables binarias (cualitativas: sí o no, a partir de ciertos umbrales) los resultados fueron neutros o mostraron un aumento de la obesidad.

Es necesario decir que, aunque estos autores subrayan que han efectuado el primer metaanálisis que valora asociaciones entre la obesidad y el consumo de café, las limitaciones o debilidades son muy notables. Veáse, la mayoría de los estudios son transversales, por lo que no se pueden inferir relaciones causales. Además, resulta complejo controlar ciertas variables de confusión, como, por ejemplo, el tabaquismo. Tampoco se especificó el tipo de café utilizado (con cafeína o descafeinado, con azúcar o sin azúcar, con crema añadida o sin ella…).

También es preciso destacar que el café predominante en los estudios coreanos es el soluble o instantáneo, que mezclan con azúcar y cremas no lácteas que, en vez de reducir la adiposidad, contribuyen a aumentar significativamente el riesgo de obesidad. Lo que siempre es crucial tener en cuenta, para no subestimar el efecto del café.

De todas formas, los responsables de esta investigación se mostraron muy optimistas en sus conclusiones con respecto al posible efecto antiobesigénico del café. Veámoslas.

El consumo de café puede asociarse moderadamente con una reducción de la obesidad, evaluada por el IMC y el perímetro abdominal, particularmente en hombres. Aunque el efecto del café al respecto no es comparable con el efecto antiobesigénico de dietas equilibradas y del ejercicio físico, son tantos los estudios que evidencian un efecto protector del café frente al desarrollo de enfermedades crónicas, que su consumo regular puede formar parte de un estilo de vida saludable capaz de elevar globalmente el nivel de salud”.

Efecto antiobesigénico del café: consumo regular de café se asocia con menor adiposidad medida por DXA (absorciometría dual con rayos x) en mujeres

En julio del 2020 se publicó (The Journal of Nutrition) un excelente estudio transversal que tuvo el mérito de evaluar la asociación entre el consumo de café y la adiposidad, tanto abdominal como la total, por un método fiable de medición: la absorciometría dual con rayos X (DXA). (16)

Para ello, se valieron de una gran muestra de estadounidenses, de 20 a 69 años, incluidos en la Encuesta Nacional de Salud y Examen de Nutriciónl (NHANES ), los de las oleadas 2003-2004 y 2005-2006.

La información sobre el consumo de café, con cafeína y descafeinado, se obtuvo a través de un cuestionario de frecuencia de alimentos (categorizado como sin café, 0 a <0,25 taza / día, 0,25 a <1 taza / día, 1 taza / d, 2-3 tazas / d, o ≥4 tazas / día).

En cuanto a la medición de la adiposidad, los autores, liderados por Chao Cao ( Facultad de Medicina de San Luis), justificaron la elección de la DXA, aduciendo que los otros métodos son menos fiables, como el IMC, la bioimpedancia (detecta la proporción de grasa) y  la medición del perímetro abdominal con cinta métrica (obesidad abdominal).

Así, el IMC (Kg / talla2) no diferencia la masa grasa de la masa magra, esto es, la masa muscular y ósea (libre de grasa). Por lo que una persona con mucha masa magra puede dar un alto IMC, sin tener obesidad, en tanto que un sujeto con excesiva grasa puede tener un peso normal y, por ello, dar un IMC normal.

Por otra parte, la bioimpedancia, aunque mide la proporción de grasa, no objetiva la distribución corporal del tejido adiposo.

En cuanto a la medición del perímetro abdominal para evaluar la obesidad abdominal o centrípeta, no deja de ser una medida simplista, aunque precisa. En cambio, la DXA mide fiablemente la grasa del tronco o/y abdomen del cuerpo humano.

 ¿Qué resultados obtuvieron?

Pues que un mayor consumo de café, tanto con cafeína como descafeinado, se asoció con una reducción significativa, dosis-respuesta, del porcentaje de grasa corporal total, así como el del tronco, pero sólo entre las mujeres de la muestra.

Así pues, las mujeres de 20 a 44 años que bebían 2-3 tazas diarias de café tenían menor grasa total y abdominal, al igual que las de 45 a 69 años que bebían 4 o más tazas diarias de café, con respecto a las que no bebían café de su mismo estrato etario. Además, estas boyantes asociaciones se mantuvieron entre las no fumadoras y entre las que no sufrían enfermedades crónicas.

Aunque entre los hombres esta relación dosis-respuesta no fue significativa, los varones de 20 a 44 años que bebieron 2-3 tazas / día tenían 1.3% (IC 95%: -2.7%, 0.1%) menos de grasa total y 1.8% (IC 95% : -3,3%, -0,4%) menos de grasa en el tronco que los que no consumieron café. Mas en ellos, tal asociación sólo se apreció con café con cafeína.

Comparación con otros estudios

Los responsables de este estudio destacaron, en su análisis, que sus resultados fueron opuestos a los obtenidos en el metaanálisis de estudios observacionales (autoría coreana) referido en el punto anterior, en el que se apreció una asociación inversa entre el consumo de café y la obesidad en varones, no precisamente en las mujeres. Lo que atribuyeron a la medición menos fiable de la grasa total (IMC) y de la abdominal (perímetro abdominal), entre otros motivos (gran heterogeneidad, consumo de café instantáneo, mezclado con azúcar y cremas entre los participantes de los 5 estudios asiáticos).

No obstante, otros autores también han observado una diferencia de género, favorable a las mujeres, en la asociación entre el consumo de café, la obesidad abdominal y el síndrome metabólico. (17,18)

Efecto antiobesigénico del café: consumo de café en el desayuno se asocia con menor adiposidad visceral y síndrome metabólico

El 11 de octubre del 2020 se publicó (Nutrients) un estudio transversal, de autoría japonesa, que reveló una asociación inversa entre el consumo de café y la adiposidad abdominal o visceral y el síndrome metabólico. Pero con la particularidad de ser aún mayor cuando se sumaba el consumo de pan durante el desayuno. (19)

Concretamente, el consumo de café se asoció con reducciones significativas de la obesidad abdominal y del síndrome metabólico: un 25% y un 30%, respectivamente. Lo que en absoluto se observó cuando el evaluado fue el té verde.

Lo que llamó la atención fue que la combinación entre el consumo diario de café y la ingesta de pan durante el desayuno parecía aumentar la asociación inversa observada con el primero. Esto es, la reducción de la obesidad visceral fue del 46%, mientras que la disminución del síndrome metabólico alcanzó un porcentaje del 42%.

La sorpresa de tal efecto sinérgico entre el café y el pan se deriva del hecho de que algún estudio previo había demostrado que el consumo de pan incrementa el riesgo de obesidad. (20) Además, no se apreció una interacción entre el café y el pan.

Aunque también es cierto que existen estudios que han demostrado una reducción significativa de la obesidad cuando el pan blanco (harina refinada) era sustituido con pan elaborado con granos enteros. O sea, con los tres integrantes de la semilla: germen, salvado y endosperma, mucho más rico en fibra que el pan blanco, elaborado con harina refinada,  desprovista del germen. (21)

¿Cómo se midieron las variables principales de este estudio?

El consumo de café, en los 3539 participantes de la muestra (1239 hombres y 2300 mujeres) se obtuvo mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos. Luego, se clasificó en cuatro categorías: menos de una vez al día, una vez durante el día, dos veces/día y tres o más veces al día.

El tejido adiposo visceral fue medido mediante impedancia bioeléctrica (cámara DUALSCAN, Omron). De esta forma, la medida del área de grasa intra-abdominal se correlaciona bien con la evaluada por tomografía computorizada en obesos, según habían revelado estudios previos. (22)

Para la obesidad global se utilizó el IMC. Mientras que para el diagnóstico del Síndrome Metabólico se emplearon los criterios japoneses:  un perímetro abdominal  ≥85 cm, en mujeres; e ≥90 cm, en varones, y dos o más de los siguientes: presión arterial sistólica ≥ 130 mmHg, la diastólica ≥ 85 mmHg) o el uso de medicación antihipertensiva;  concentración sanguínea de triglicéridos ≥ 150 mg/dL; HDL-colesterol ≤ 40 mg/dL; glucemia elevada (hemoglobina glicosilada HbA1c ≥5.6%, o el empleo de fármacos antidiabéticos).

Además de medir con cierta precisión las variables principales del estudio, se controlaron otras variables que pudieran alterar los resultados, las denominadas variables de confusión (tabaco, alcohol, actividad física, entre otras).

Asociación causal entre cafeína plasmática y prevención de obesidad y diabetes tipo dos: estudio de aleatorización mendeliana (2023)

En marzo del 2023 se publicó un estudio de aleatorización mendeliana de dos muestras que reveló cómo una mayor concentración de cafeína plasmática predicha genéticamente se asociaba causalmente a un menor riesgo de adiposidad y de diabetes tipo dos. En realidad, en enero ya estaba disponible en BMJ Medicine.

Los autores, Susana Larsson y colegas (Instituto Karolinska de Estocolmo), analizaron los datos genéticos (estudio de asociación de todo el genoma) de dos consorcios (FinnGen y Diamante). De esta forma, comprobaron que dos polimorfismos de un solo nucleótido se asociaban con la cafeína plasmática en el umbral de significación de todo el genoma (rs2472297 cerca del gen CYP1A2 y rs4410790 cerca del gen AHR).

Así, apreciaron que las mayores concentraciones de cafeína plasmática (predicha genéticamente) se asociaron tanto con un menor índice de masa corporal como con una menor grasa corporal total.

Además, las concentraciones más altas de cafeína plasmática se asociaron con un menor riesgo de diabetes tipo dos en los dos consorcios.

Por otra parte, se estimó que en torno a la mitad del efecto antidiabético de la cafeína estaba mediado por la reducción del índice de masa corporal.

Según estos investigadores, la cafeína podría ser responsable de parte del efecto antidiabético del café. Tema explicado en otro artículo de este blog.

Hipótesis plausibles del efecto antiobesigénico del café

El efecto antiobesigénico del café se ha observado en diversos experimentos moleculares, (posee más de 1000 moléculas), sobre todo, con la cafeína y el ácido clorogénico, el gran antioxidante del grano verde.

Activación de la grasa parda por la cafeína

En algún estudio se ha comprobado que la cafeína influye decisivamente en el balance energético, reduciendo la ingesta energética y, especialmente, incrementando el gasto energético, posiblemente por activar la grasa parda, de notable efecto termogénico. (23)

¿Qué es la grasa parda?

La grasa parda o marrón es un tipo especial de tejido adiposo (se halla en cantidades significativas alrededor del cuello) que se activa cuando percibimos frío, a fin de generar calor (efecto termogénico). Que consigue quemando triglicéridos y glucosa. De esta forma, también aumenta el gasto energético, o sea, contribuye a quemar más calorías.

En consecuencia, activar la grasa parda puede resultar muy ventajoso para nuestros intereses, por su relevante efecto antiobesigénico. En cambio, la grasa blanca, predominante en el organismo, acumula las calorías extras que consumimos o no somos capaces de quemar por escasa actividad física.

¿Cómo puede activarse la grasa parda?

Para que su activación prospere resulta crucial que se active previamente una proteína, la termogenina o UCP-1 ( proteína desacopladora mitocondrial), que se halla en las mitocondrias del tejido adiposo marrón. La termogénesis así lograda es el principal mecanismo de generar calor en mamíferos hibernantes, así como en niños recién nacidos.

La práctica de actividad física, un estilo de vida altamente saludable, activa notablemente la grasa parda por varios mecanismos: por la adrenalina y noradrenalina liberadas por el sistema simpático, por la liberación de péptidos natriuréticos del corazón, al latir más intensa y frecuentemente con el ejercicio, así como por la segregación de mioquinas por los músculos contraídos, que convierten la grasa blanca en parda.

¿Cómo activa la grasa parda la cafeína?

En junio del 2019 se publicó (Scientific Reports) un trabajo que demostró, tanto in vitro como in vivo, que la cafeína era capaz de activar la grasa parda, aumentando la expresión de UCP-1. (24)

Aunque ya se conocía que la cafeína regulaba al alza la UCP1 en ratones obesos, se ignoraba cuán directamente podría afectar a la grasa parda de los seres humanos. Para demostrarlo, los investigadores utilizaron células de ratones y células madre de médula ósea humana cultivadas en un tubo de ensayo y luego administraron cafeína.

Tras efectuar una serie de pruebas, incluyendo la tinción mitocondrial, microscopía electrónica de transmisión y análisis de expresión génica, observaron que el tratamiento de los cultivos celulares con cafeína aumentaba la expresión de la UCP-1 e incrementaba la actividad metabólica (aumento de la mitocondriogénesis, la glucolisis y fosforilación oxidativa).

Además, apreciaron, en nueve voluntarios humanos sanos (IMC promedio de 23 kg/m2), tras consumir una bebida con cafeína o agua, que la cafeína aumentaba la temperatura de la región supraclavicular (área de grasa parda), con respecto al valor previo, indicativo de termogénesis, lo que no se observó tras beber agua.

Efecto antiobesigénico del ácido clorogénico

En julio del 2019 se publicó (Nurients) un estudio experimental, de autoría japonesa, que reveló cómo el consumo de café enriquecido en ácido clorogénico, durante 12 semanas, por adultos obesos, conseguía reducir el tejido adiposo visceral, la grasa abdominal, el IMC y el perímetro abdominal. (25)

Para ello, 150 hombres y mujeres con sobrepeso (IMC: ≥25 a <30 kg / m2) fueron asignados aleatoriamente a dos grupos: el de intervención, en el que bebieron café instantáneo enriquecido en ácido clorogénico (369 mg ácido clorogénico / ración); y el control, que consumieron café no enriquecido con este polifenol (35 mg/ ración).

Después de tomar el citado café, una vez al día, durante 3 meses, con periodos de observación previos y posteriores de cuatro semanas, apreciaron que las áreas de grasa visceral y de grasa abdominal total, el peso corporal y la circunferencia de la cintura disminuyeron significativamente en el grupo de intervención en comparación con el grupo de control, sin que, por otra parte, aparecieran efectos adversos.

Efecto antiobesigénico del café: impacto favorable del café en la microbiota intestinal

La microbiota del intestino grueso es uno de los ecosistemas más habitados del planeta, pues alberga unos 10 billones de microorganismos (bacterias, levaduras, arqueas, virus) por lo que actualmente se la está identificando como un órgano independiente, con variadas funciones.

Así, por ejemplo, las especies bacterianas predominantes corresponden a Bacteroidetes, Firmicutes, Actinobacteria, Proteobacteria, Fusobacteria, Cyanobacteria y Verrucomicrobia.

Desde hace unos años se están publicando numerosos estudios científicos que muestran cuán importante es mantener una flora bacteriana saludable, que contribuya a reforzar la barrera intestinal evitando el paso al torrente sanguíneo de numerosos tóxicos y endotoxinas. Todas ellas, netamente proinflamatorias, producidas por bacterias patógenas, que podrían aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares (eje microbiota intestino-corazón), neurodegenerativas y mentales (eje microbiota – intestino-cerebro), intestinales crónicas (eje intestino-intestino).

En cuanto a la obesidad respecta, diversas revisiones de estudios científicos han revelado que la microbiota intestinal desempeña un papel determinante en el desarrollo de esta enfermedad crónica. Así, los sujetos obesos tienen una flora intestinal menos diversa y rica que la de sujetos no obesos. Además de poseer bacterias intestinales de perfil proinflamatorio. (2628)

Acorde con ello, en animales y personas obesas se ha constatado un aumento de firmicutes y una reducción de los bacteroidetes. Lo hace que aumente la relación Firmicutes/Bacteroidetes, hecho que parece contribuir a un incremento de los depósitos energéticos y grasos. (2931)

Además, varias pruebas clínicas han revelado que un bajo nivel de las beneficiosas bifidobacterias parece contribuir al desarrollo de obesidad. (32)

Por otra parte, tanto en hombres como en mujeres, ciertas especies bacterianas están asociadas con obesidad, como Staphylococcus aureus. (33) De igual forma, se ha visto un incremento de la concentración de Enterobacteriaceae en sujetos obesos. (34,35)

¿Cómo incide el café en la microbiota intestinal?

Son varios los estudios que han mostrado cómo el café exhibe un efecto protector de nuestra flora intestinal. Verbigracia, los realizados por Jaquet y colegas, que revelaron (2009) que beber 3 tazas diarias de café, durante tres semanas, se vinculaba con un aumento de la actividad y concentración intestinal de especies bacterianas altamente saludables, como las de Bifidobacterium, en las 16 personas que participaron en el estudio. (36)

Más recientemente, a finales de octubre del 2019, en el curso del Congreso Nacional de Gastroenterología, celebrado en San Antonio (Texas), organizado por el Colegio Americano de Gastroenterología, dos investigadores revelaron que un mayor consumo de café (cuando menos, 82,9 mg diarios de cafeína, o sea, un espresso o más) se asocia con una flora microbiana intestinal más rica (Odoribacter, Dialister, Fusicatenibactor, Alistipes, Blautia y varias cepas de Lachnospiraceae) y saludable, con aumento de la concentración de bacterias con marcado carácter antiinflamatorio (Faecalibacterium y Roseburia)  y reducción de algunas bacterias dañinas (Erysipelatoclostridium ramosum), proinflamatorias, con respecto a los que consumían una cantidad diaria inferior (<82,9 mg/cafeína). (37)

A esta conclusión llegaron tras efectuar 97 biopsias de mucosa intestinal mediante colonoscopia a 34 participantes. La identificación bacteriana se efectuó con métodos microbiológicos fiables y rigurosos (estudio del ADN bacteriano y secuenciación del rRNA, 16 segundos).

De esta forma, los consumidores habituales de café podrían tener una microbiota intestinal más diversa y saludable. Lo que contribuiría a reducir la inflamación de bajo grado que opera en las enfermedades más prevalentes, incluida la obesidad.

Más tarde, en mayo del 2020, se publicó un trabajo, efectuado por miembros de la Universidad de Oviedo, en el que se abunda en tales hechos. Exactamente, observaron un aumento de saludables bacterias intestinales (Bacteroides–Prevotella–Porphyromonas) en los bebedores de café, con respecto a los no bebedores. (38)

Efecto antiobesigénico del café: conclusiones

En fin, para prevenir y tratar la obesidad y sus temibles complicaciones es imprescindible implementar estrategias que eviten el sedentarismo y la comida chatarra a base de ultraprocesados. Esto es, habrá que practicar regularmente actividad física, adherirse a una dieta saludable como la Dieta Mediterránea. A lo que sumaremos, como estrategia complementaria, el consumo diario de café, preferentemente de especialidad, bien tostado y preparado con técnica barista.

De esta forma, también contribuiremos a elevar nuestra esperanza de vida en buena salud, pues tales estados de vida protegen la integridad de nuestro material genético y reducen la tasa de muerte total y específica por las principales causas de enfermar y morir en el mundo: cardiovasculares, tumorales, respiratorias, metabólicas, neurodegenerativas, entre otras.

                                                                              Dr. Félix Martín Santos

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2 Comentarios

  1. Una alegría saber que el consumo diario de café nos ayuda a mantener el peso a raya. Una razón más para beber ese rico elemento que a casi todos nos gusta.

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    • Así es, apreciado Javier. A ello, al consumo regular de café, habrá que añadir la práctica regular de ejercicio físico y una dieta saludable, a base de productos frescos y de temporada, como la Mediterránea. Obviamente, es preciso evitar el sedentarismo y la ingesta de ultraprocesados.
      Un abrazo

      Responder

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