Prevención de ceguera con dieta mediterránea

Prevención de ceguera con dieta mediterránea: verduras gran protagonista de la dieta mediterránea

Prevención de ceguera con dieta mediterránea: las verduras, gran protagonista de la dieta mediterránea, contribuyen a prevenir la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), primera causa de ceguera, a partir de los 55 años.

  1. Envejecimiento
  2. Predicción del riesgo de progresión a formas avanzadas de DMAE
  3. Predisposición genética
  4. Tabaquismo activo
  5. Dieta pobre en antioxidantes y cinc
  1. Reducción de la tasa de incidencia y la proporción de prevalencia de tabaquismo activo
  2. Práctica de actividad física aeróbica regular
  3. Mejora de la dieta mediante una buena adherencia a la dieta mediterránea
  1. Estudio transversal que evalúa la asociación entre estilos de vida saludables (DM y ejercicio físico) y la DMAE (2011)
  2. Prevención de ceguera con dieta mediterránea: estudio prospectivo AREDS del Instituto Nacional del Ojo (Instituto Nacional de Salud de EEUU. 2015)
  3. Potencial prevención de ceguera con dieta mediterránea: una DM rica en fruta con antioxidantes podría reducir más de un tercio el riesgo de desarrollar la DMAE (2016)
  4. Estudio Europeo sobre Patología Ocular (THe European Eye Study): prevención de ceguera con dieta mediterránea (2017)
  5. Prevención de ceguera con dieta mediterránea: estudios prospectivos europeos RS-I y Alienor (2019)
  6. Freno de la progresión a formas avanzadas de DMAE con dieta mediterránea: análisis retrospectivo de dos estudios experimentales (2020)
  7. Prevención de ceguera con dieta mediterránea: revisión sistemática de estudios observacionales

Introducción

Hallazgos científicos recientes están revelando una potencial prevención de ceguera con dieta mediterránea. Merced a su capacidad de reducir el riesgo de desarrollar la primera causa de ceguera en adultos: la degeneración macular asociada a la edad (DMAE).

Concepto de degeneración macular asociada a la edad (DMAE): primera causa de ceguera a partir de los 55 años

La DMAE es una enfermedad degenerativa de carácter progresivo que afecta a la zona de máxima agudeza visual de la retina, la mácula lútea. Área responsable de la visión central y especializada en la captación de finos detalles, como los necesarios para la lectura y para reconocer la fisonomía de una persona.

Al conservar sólo la visión periférica, el grado de invalidez alcanzado por el paciente, en las formas avanzadas, es de tal intensidad como para representar la primera causa de ceguera en el mundo occidental a partir de los 55 años de edad. (13)

En tales circunstancias se llega a observar un franco deterioro de la calidad de vida que afecta desfavorablemente a la salud en su triple dimensión: física, mental y social. (4)

Actualmente, desde el 2013, se clasifica la DMAE en tres estadios de severidad: precoz, intermedia y avanzada. Usualmente, se observa una progresión de la enfermedad, desde estadios asintomáticos, como los dos primeros, hasta el estadio avanzado, que puede conducir a ceguera irreversible. En este último estadio, el de máximo deterioro, se incluyen las formas atrófica (o seca) y hemorrágica (exudativa o húmeda). (5)

La frecuencia de esta enfermedad es realmente preocupante, como reflejaron investigadores de Singapur (Wong Wl y colegas) en su publicación de febrero del 2014 (Lancet Glob Health), tras revisar exhaustivamente 39 estudios de base poblacional procedentes de todas las regiones del mundo: proporción de prevalencia del 8,7%, en personas de 45 a 85 años. (6)

Además, es muy probable que la tasa de incidencia y la citada proporción de prevalencia se incrementen sustancialmente en los próximos años, a tenor del envejecimiento progresivo de la población. Lo que ha llevado a algunos investigadores a predecir que para el 2020 aumentará en un 50% el porcentaje de gente mayor de 65 años. (1)

Marcadores y factores de riesgo de degeneración macular asociada a la edad

En la DMAE se reconocen dos marcadores de riesgo no modificables epidemiológicamente por la acción humana, la edad y la predisposición genética. Y, sobre todo, una serie de factores de riesgo, modificables favorablemente mediante estrategias de educación para la salud, entre los que destaca el tabaquismo activo. Seguido a distancia por otros factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad, la hipertensión arterial, dietas ricas en grasas saturadas y la diabetes tipo dos. Además, en los últimos años está cobrando una gran relevancia otro factor de riesgo: dietas pobres en antioxidantes y cinc, con el subsiguiente descenso de su concentración en sangre.

El envejecimiento

A medida que envejecemos, aumenta la probabilidad de que en ciertas capas de nuestra retina (epitelio pigmentario y la membrana de Bruch) empiecen a depositarse una serie de detritus acelulares, que aparecen como puntos amarillentos en la mácula y en áreas periféricas de la retina, a los que denominamos drusas. identificables por el oftalmólogo con la visión del fondo del ojo, con microscopios oculares como lámpara de hendidura junto a lentes de aumento específicas.

Cuando tales depósitos son pequeños (≤ 63 micras) reciben la denominación de drupas y no se consideran patológicos, sino cambios propios del envejecimiento, visibles en algunas personas. Sin embargo, cuando estos residuos retinianos alcanzan un tamaño mayor entran en el terreno de lo patológico.

Efectivamente, la nueva clasificación de la DMAE considera patológicas las drusas medianas (>63 y ≤125 µm) y las grandes (>125 µm), a las que se suman alteraciones del epitelio pigmentario (hipo o hipergpigmentación), como puede verse en la tabla anexa.

 

Clasificación DMAE                                           Definición
DMAE precoz Drusas medianas, >63 µm y ≤125 µm, y ausencia de alteraciones pigmentarias  relacionadas con DMAE
DMAE intermedia Drusas grandes, >125 µm, y/ o cualquier alteración pigmentaria relacionada con DMAE
DMAE avanzada DMAE neovascular o cualquier atrofia geográfica

 

Cuando el pronóstico realmente se ensombrece es en la DMAE avanzada, pues la mayor parte de los pacientes que llegan a esta temible fase experimentan una severa pérdida de la agudeza visual en el primer año, sobre todo, en los primeros tres a seis meses. Tanto es así que en España es responsable del 55% de los casos de ceguera, según datos fiables de la Sociedad Española de Retina y Vítreo. (7)

Además, cuando un ojo resulta afectado de DMAE neovascular (exudativa) se incrementa mucho el riesgo de extenderse al otro ojo, más de un 40%. (8)

Predicción del riesgo de progresión a formas avanzadas de DMAE

En una de las publicaciones de los responsables de uno de los estudios experimentales de mayor calidad y rigor científico sobre este tema, el AREDS (Age-Related Eye Disease Study), se estableció el riesgo de progresión a formas avanzadas de esta enfermedad, merced a la observación de las lesiones apreciadas en las fotografías estereoscópicas retinianas de más de 3000 participantes.

De esta forma, las alteraciones que podrían predecir el riesgo de avance, según su criterio, fueron dos: drusas grandes (>125 µm y como mínimo presencia de una) y presencia de alteraciones pigmentarias.

Pues bien, cuando con estas premisas procedieron a valorar cada ojo, comprobaron que el riesgo de progresión, durante cinco años, desde formas precoces e intermedias hasta las formas avanzadas de DMAE fue como sigue: 0,5% cuando no se observa ninguna de estas lesiones en ambos ojos; del 3% cuando aparece una de estas lesiones en un ojo; del 12% cuando aparecen dos de tales lesiones (en un ojo o repartidas en los dos); 25% cuando se aprecian tres de las citadas lesiones; y del 50% cuando aparecen las cuatro lesiones, esto es, las dos en cada ojo. (9)

Por todo ello se considera prioritario efectuar un diagnóstico precoz de esta enfermedad, a fin de intentar un tratamiento que pueda prevenir la aparición de las formas avanzadas (prevención secundaria). Para ello es crucial analizar bien la agudeza visual de los pacientes junto a una rigurosa exploración del fondo de ojo, tarea que corresponde a los oftalmólogos.

Bien cierto es que lo que resulta más rentable es la instauración de medidas de prevención primaria. Esto es, las que intentan evitar que aparezca el primer signo de esta enfermedad, o sea, sus formas más precoces (drusas con un tamaño superior a 63 micras). En definitiva, las que reducen la tasa de incidencia, los casos nuevos.

Predisposición genética

Son varias las líneas de investigación que han revelado la vinculación entre ciertas anomalías o polimorfismos genéticos y el desarrollo de DMAE. (1013)

Entre los más influyentes están los siguientes: FB, ARMS2, CFH, C3, C2, CFHR4, CFHR5 y F13B. Aunque de todos ellos, el que parece establecer una mayor relación causa efecto es el polimorfismo CFH Y402H. (12)

Me estoy refiriendo a una alteración del gen del factor H del Complemento (CFH), consistente en el cambio de una base nitrogenada por otra: timina (T) por citosina (CC). Así, los portadores de la variante anómala, la C, tanto en homocigotos (CC) como en heterocigotos (CT) presentan un riesgo elevado de sufrir DMAE. Sin embargo, los homocigotos de la variante normal (TT), cuyos dos alelos del gen Y402H codifican la misma información genética, la de sintetizar la timina, no tienen ningún riesgo de desarrollar esta enfermedad.

La proporción de portadores de este polimorfismo no es baladí: el 39% de sujetos de raza blanca, 31% de raza negra y 7% de asiáticos. Tal predisposición genética hace más proclive a desarrollar la enfermedad a las personas que reúnen varios de los factores de riesgo, antes mencionados y que luego analizaremos más detenidamente.

Actualmente existen pruebas que evalúan la presencia de los polimorfismos genéticos, antes mencionados, que unido a otros factores de riesgo nos permiten aventurarnos en la resbaladiza senda de la predicción del riesgo de desarrollar esta importante causa de ceguera.

Llegado a este punto, bueno es que digamos que cuando el Complemento se activa fisiológicamente nos protege de múltiples agresiones orgánicas. En tanto, que si su activación es desmesurada y prolongada nos perjudica seriamente, al causar inflamación y destrucción mantenida de los tejidos en los que opera patológicamente, en este caso, la mácula lútea de la retina.

Tabaquismo activo

El tabaquismo activo representa el factor medioambiental y adquirido más importante vinculado con esta enfermedad. Así, diversos estudios epidemiológicos han mostrado cómo los fumadores experimentan un gran riesgo tanto de desarrollar esta patología cuanto de incrementar su avance o progresión. (1416)

Si ya de por sí los fumadores activos tienen un notable riesgo de desarrollar esta enfermedad con respecto a los no fumadores (riesgo relativo 2,4 veces mayor), cuando, además, son homocigotos para el polimorfismo CFH Y402H, aumenta su riesgo hasta ser 34 veces mayor. (14)

Es evidente que la primera causa de muerte evitable en el mundo desarrollado, el tabaquismo activo, se comporta como un asesino capaz de matar y hacer sufrir al ser humano por múltiples y variados mecanismos. Incluso causando ceguera al propiciar el desarrollo de la enfermedad protagonista de este contenido.

Dieta pobre en antioxidantes y cinc

De entre los otros factores de riesgo, muchos de los cuales incrementan también el riesgo de enfermedades cardiovasculares, el que últimamente está cobrando un gran protagonismo es el derivado de una dieta pobre en antioxidantes y cinc. De lo cual puede colegirse la necesidad de frenar los fenómenos oxidativos e inflamatorios de la mácula lútea mediante la aportación de antioxidantes. Especialmente los incorporados con dietas ricas en los mismos, como la dieta mediterránea.

Prevención de la Degeneración macular asociada a la edad (DMAE)

Los estilos de vida recomendables para prevenir el riesgo de desarrollar esta enfermedad son los mismos que se recomiendan en las formas precoces e intermedias, con objeto de prevenir la progresión a las formas graves avanzadas. Esto es, la forma atrófica, donde se pierde lenta pero inexorablemente la agudeza visual, y la forma neovascular, en donde la pérdida de la agudeza visual es más rápida, casi súbita.

De entrada, lo recomendable es dejar de fumar, mejorar la dieta y practicar actividad física aeróbica. De ello hablaremos en las siguientes líneas.
<h3id=»reducciontabaquismo»>Reducción de la tasa de incidencia y la proporción de prevalencia de tabaquismo activo

Se trata de que el no fumador mantenga su saludable posición y que el fumador activo se despida cuanto antes del tabaco.  Cualquier estrategia efectiva y segura que logre cumplir tales objetivos es más que deseable, desde buenas técnicas de educación para la salud hasta ciertas pautas medicamentosas (bupropion, citisina…), entre otras posibles estrategias.

Es indudable que para un fumador activo la mejor inversión en salud es dejar de fumar, incluso para prevenir la DMAE o, en su defecto, contribuir a evitar su progresión a las formas graves de la misma.

Práctica regular de actividad física aeróbica

En los últimos años se están publicando diversos estudios epidemiológicos que están comprobando que la práctica regular de ejercicio físico aeróbico se asocia a una reducción del riesgo de DMAE. (1720)

La prevención de ceguera por DMAE con ejercicio físico ha protagonizado otro artículo de este blog.

Mejora de la dieta mediante una buena adherencia a la dieta Mediterránea

Existen estudios epidemiológicos que han demostrado que una dieta rica en carnes rojas (21) y en ácidos grasos trans (22) se asocia con un significativo incremento del riesgo de desarrollar DMAE.

Sin embargo, múltiples estudios epidemiológicos están revelando que un alto consumo de pescado (2226), frutos secos (22), luteína y zeaxantina, carotenoides abundantes en verduras (de hoja o inflorescencias verdes como el brócoli) y en la yema del huevo (2632), así como de ácidos grasos Omega-3 (poliinsaturados de cadena larga como el ácido docoxahexanoico y eicosapentanoico), abundantes en el pescado azul, se asocia con una notable reducción del riesgo de desarrollar DMAE. (22-26) (3338)

Es fácil entender que cualquier modelo dietético engloba y combina una serie de alimentos de naturaleza diferente, cuyos efectos saludables o perjudiciales pueden potenciarse, neutralizarse o mitigarse. En el caso que nos ocupa, el de la prevención de ceguera por DNAE con dieta mediterránea, acabamos de referir un grupo de alimentos y nutrientes que reducen el riesgo de la misma (verduras, pescado, frutos secos, luteína, zeaxantina y ácidos grasos Omega 3) o, al contrario, lo aumentan (carnes rojas y ácidos grasos trans).

Pues bien, la dieta mediterránea (DM) es un modelo dietético que incluye alimentos del primer grupo, el que realmente reduce el riesgo de desarrollar esta gran causa de ceguera.

En las siguientes líneas vamos a analizar los estudios epidemiológicos que han valorado la relación entre la DM y la enfermedad protagonista de este contenido. Aunque antes recordaremos el concepto de DM.

¿Qué caracteriza a la Dieta Mediterránea?

Si nos centramos en los alimentos que la constituyen recordaré que lo más destacable es la abundancia de productos vegetales, como hortalizas, legumbres, pan, pasta, arroz, verduras, frutas y frutos secos. El empleo de aceite de oliva como  fuente fundamental de grasa, así como un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos y huevos. En tanto que es de escasa cuantía el consumo de carnes rojas(las procedentes del ganado porcino, bovino, caprino y ovino) y muy moderado el de vino tinto, habitualmente consumido en el curso de las comidas.

Su efecto saludable se debe a que se trata de una dieta equilibrada, variada y con una adecuada incorporación de macronutrientes. Además de a los beneficios derivados de su alto contenido de ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico) y poliinsaturados, su bajo contenido en ácidos grasos saturados y, sobre todo, a su gran riqueza en antioxidantes, como el  oleocantal,  la oleuropeína, el hydroxytyrosol y lignanos, derivados del aceite de oliva virgen extra.

Tanta es la bondad y calidad de esta dieta como para que el 16 de noviembre de 2010, el Comité Intergubernamental de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en la reunión celebrada en Nairobi (Kenia), acordó inscribir la dieta mediterránea en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Prevención de ceguera con dieta mediterránea: estudios observacionales que revelan un efecto preventivo de degeneración macular asociada a la edad

Estudio transversal que evalúa la asociación entre estilos de vida saludables (DM y ejercicio físico) y la DMAE

En abril del 2011 se publicó (Arch. Ophthalmol.) un estudio transversal que reveló que un modelo dietético saludable, del estilo de la DM, y la práctica regular de actividad física aeróbica se asociaban con una menor proporción de prevalencia de DMAE incipiente (la precoz e intermedia actuales). (20)

Los responsables del trabajo (Mare y colegas) pertenecientes a las Universidades de Wisconsin (Madison) e Iowa y al Centro Kaiser de Investigación en Salud (Portland), evaluaron a 1313 mujeres, de 55 a 74 años de edad. Incluidas en el Estudio de Carotenoides y Enfermedad Ocular en Relación con la Edad (CAREDS: Carotenoids in Age-Related Eye Disease Study), subsidiario de otro gran estudio norteamericano (Women’s Health Initiative Observational Study).

El modelo dietético lo evaluaron mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos estandarizado. En tanto que para evaluar la severidad de la DMAE utilizaron fotografías estereoscópicas del fondo del ojo, efectuadas desde seis años antes.

 En esencia, estos investigadores mostraron que las mujeres que seguían más fielmente la dieta saludable (quintil más alto) parecían beneficiarse con una reducción del 46% del riesgo de desarrollar la DMAE precoz (OR: 0,54; IC 95%: 0,33 a 0,88), con respecto a las que la consumían menos (quintil más bajo).

Además, comprobaron que las que practicaban más actividad física aeróbica (quintil más alto) tenían un 54% menos de riesgo de DMAE precoz, con respecto a las que hacían menos ejercicio.

Aunque se trata de un estudio transversal, sus conclusiones sugieren una potencial prevención de ceguera con dieta mediterránea. La que se derivaría de una reducción del riesgo de formas precoces de DMAE, la causa más frecuente de ceguera a partir de los 55 años.

Prevención de ceguera con dieta mediterránea: estudio AREDS del Instituto Nacional del Ojo  (Instituto Nacional de Salud de EEUU)

En octubre del 2015 se publicó ( The American Journal of Clinical Nutrition) un estudio observacional prospectivo que tuvo como objetivo principal evaluar la asociación entre la adherencia a la dieta mediterránea (DM) y la susceptibilidad genética con la progresión a DMAED avanzada. (39)

Los responsables del trabajo, Merle (Universidad de Burdeos), Rosner y Seddon (EEUU),  evaluaron y siguieron durante 13 años a una muestra de 2525 personas de ambos sexos, pertenecientes a un gran estudio experimental norteamericano, el AREDS (Age-Related Eye Disease Study).

¿Qué es el AREDS?

Llegado a este punto del tema, es preciso destacar que el AREDS demostró, en su momento (2001), que un suplemento de antioxidantes (vitamina E, vitamina C y B-caroteno, cinc  y cobre) se asociaba a una reducción del 25% en el riesgo de progresión de la DMAE entre los participantes con mayor riesgo de avance de esta enfermedad. (40)

La investigación fue meritoria porque fue el primer ensayo clínico efectuado en esta materia, aleatorizado y controlado con placebo, que siguió durante 6 años a 3460 pacientes con DMAE distribuidos en cuatro grupos de severidad.

Años más tarde, en el 2013, publicaron un segundo estudio que reveló que la luteína y zeaxantina podían perfectamente sustituir al beta-caroteno, aunque no apreciaron igual eficacia con los ácidos omega-3. (41)

Adherencia a la dieta mediterránea, genética y freno progresión a formas avanzadas de DMAE

Volviendo al estudio actual, diremos que los 2525 participantes fueron objeto de una profunda evaluación de la susceptibilidad genética a la DMAE, así como del grado de adherencia a la DM, además de controlar otras variables de confusión.

Pues bien, tras aplicar el correspondiente aparato estadístico (regresión proporcional de Cox con análisis de múltiples variables, entre otros) y después de 13 años de seguimiento,   observaron que una alta adherencia a la DM se asoció con un 25% de reducción del riesgo de progresión a DMAE avanzada, con respecto a una baja adherencia (RH: 0,75; IC 95%: 061-091), tanto en hombres como en mujeres.

Sin embargo, no todos respondieron igual de bien a la citada DM. Así sucedió con los sujetos que tenían mayor riesgo genético de desarrollar esta enfermedad, por ser homocigotos de la variante anómala del gen CFH Y402H, la que los dos alelos portan citosina en vez de timina (variante CC),  dado que la progresión de la DMAE no se interrumpió a pesar de un buen consumo de alimentos propios de la DM. En cambio, los portadores del resto de variantes genéticas sí que respondieron favorablemente a esta saludable dieta.

¿Qué alimentos y nutrientes contribuyeron más a reducir la progresión a formas graves de DMAE?

Entre los alimentos analizados para puntuar el grado de adherencia a la DM, el consumo de pescado y de verduras fue el que se asoció con las mayores reducciones del riesgo. Quizá por ser los que poseían las mayores cantidades de ácidos omega-3 y de luteína y zeaxantina, los dos carotenoides que en la mácula lútea, donde se acumulan fisiológicamente, ejercen un gran efecto antioxidante.

Por otra parte, el beneficio derivado del alto consumo de alimentos de la DM se observó tanto en los pacientes que tomaban suplementos adicionales de antioxidantes y cinc como entre los que no los recibían.

Otros resultados de este estudio fueron concordantes con lo que ya se conocía, pues los que progresaron a formas avanzadas de DMAE tendían a tener más edad, mayor Índice de Masa Corporal (IMC) y antecedentes de tabaquismo activo.

Cuando analizaron los nutrientes y micronutrientes ingeridos, comprobaron que una alta adherencia a la DM se asoció con una reducción significativa del consumo de  ácidos grasos saturados y con una ingesta mayor de ácidos omega-3, de luteína y zeaxantina, alfa y beta-caroteno, vitaminas B1 (tiamina), B-3 (niacina) B6 (pyridoxina), C y E.

Nuestros resultados sugieren que una alta adherencia a la dieta mediterránea se asocia con una reducción del riesgo de progresión a un estadio avanzado de DMAE. Aunque esta asociación puede ser modificada por la variante genética CFH Y402H.  Así, los sujetos con uno o dos alelos sin riesgo de DMAE ( CT, TT, respectivamente) que exhiban una alta adherencia a la DM tienen aproximadamente un tercio menos de riesgo de progresión que los que muestran una escasa adherencia a la citada dieta. Un factor modificable y adquirible como una dieta saludable es crucial para prevenir esta enfermedad”, concluyen los responsables del estudio.

Potencial prevención de ceguera con dieta mediterránea:  una DM rica en fruta con antioxidantes podría reducir más de un tercio el riesgo de desarrollar la DMAE

En octubre del 2016, en el curso de la centésima vigésima reunión de la Academia Americana de Oftalmología (AAO) se presentó un estudio portugués que reveló que una alta adherencia a la DM se asociaba con una reducción del 35% del riesgo de progresión al estadio avanzado de DMAE. (42)

Los investigadores, pertenecientes a la Universidad de Coimbra, estudiaron una muestra de 883 personas de una edad igual o superior a 50 años, de las cuales 449 tenían DMAE en estadios precoces (asintomáticos), mientras que 434 no tenían ningún signo de esta enfermedad, según mostró una exhaustiva exploración del fondo de ojo.

La dieta la evaluaron mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos, diseñado específicamente para puntuar los 9 grupos de alimentos claves de la DM. Lo que permitió otorgar una puntuación alta cuando se superaban los 6 puntos (6 a 9). Por otra parte, la evaluación ocular se efectuó midiendo la agudeza visual y explorando exhaustivamente el fondo de ojo, a fin de detectar cualquier signo de DMAE.

Los autores de este estudio transversal (Rufino Silva y colegas) comprobaron que el 50% de los participantes que no consumían una DM (puntuación inferior a 6) tenían signos de DMAE (precoz o intermedia), mientras que los que eran afines a este modelo dietético (6 a 9) sólo el 39% tenían signos de esta enfermedad. Lo que indica que tenían un 35% menos de riesgo de desarrollar esta gran causa de ceguera, desde sus estadios iniciales.

Estos investigadores también observaron que del conjunto de alimentos que constituyen la DM el que parecía reducir más el riesgo de DMAE correspondió a la fruta (cinco raciones diarias).

El café. además de cafeína, tiene potentes antioxidantes  como el ácido clorogénico, la quercetina, los fenilindanos y melanoidinas, que se obtienen durante el tueste

Efecto protector de la cafeína y antioxidantes

Rufino Silva y colegas también utilizaron un programa informático para analizar el consumo de micronutrientes de los participantes, basándose en lo contestado en el cuestionario. De esta forma, observaron que un mayor consumo de antioxidantes resultó protector frente a la DMAE, pues parecía prevenirla. En su cómputo de antioxidantes incluyeron la cafeína, junto al beta-caroteno y las vitaminas C y E.

 

El café. además de cafeína, tiene potentes antioxidantes  como el ácido clorogénico, la quercetina, los fenilindanos y melanoidinas, que se obtienen durante el tueste

El café. además de cafeína, tiene potentes antioxidantes como el ácido clorogénico, la quercetina, los fenilindanos y melanoidinas, que se obtienen durante el tueste. Así, podría contribuir a prevenir la DMAE.

 

Según ellos, este es el primer estudio epidemiológico que apunta un efecto preventivo de DMAE ejercido por la cafeína. Indudablemente, esto debe confirmarse con más estudios, preferentemente prospectivos y de cohortes o, mejor aún, experimentales.

A mi entender, lo interesante de este estudio portugués es que revela la capacidad de la DM para prevenir el riesgo de DMAE (prevención primaria). No obstante, el tipo de diseño, transversal, no resulta ser el mejor para confirmar estas buenas expectativas. Por ello es muy importante abundar más en los estudios prospectivos y, sobre todo, en los experimentales.

Estudio Europeo sobre Patología Ocular (THe European Eye Study): prevención de ceguera con dieta mediterránea (2017)

En enero del 2017 se publicó (Optthalmology) un estudio europeo que reveló que una buena adherencia a la DM se asocia con una significativa reducción del riesgo de desarrollar la forma neovascular de la DMAE, la más temible de esta enfermedad pues ocasiona ceguera muy rápidamente. (43)

Objetivo y diseño

El objetivo fue evaluar la asociación entre la adherencia a la dieta mediterránea y la prevalencia de DMAE en Europa.

Se trata de un estudio epidemiológico transversal de base comunitaria.

Muestra

La muestra inicial estaba constituida por 5060 personas, de 65 o más años de edad, elegidas aleatoriamente de siete países de Europa (Noruega, Estonia, Reino Unido, Francia, Italia, Grecia y España). Tras el correspondiente estudio dietético la muestra se redujo a 4753 personas, cuya edad media fue de 72,3 años, siendo mujeres el 55% del total.

Metodología

A todos los participantes se les efectuó una exploración ocular que incluyó fotografías digitales en color de la retina, que fueron posteriormente analizadas en un centro especializado.  Así, las imágenes obtenidas fueron graduadas en cinco estadios de severidad DMAE 0-4), de acuerdo con sistemas consensuados de clasificación y estadiaje (el de Rotterdam). En el estadio cuatro se incluyen las formas más graves, las que realmente cursan con pérdida visual: la atrófica geográfica y la neovascular.

El tipo de dieta fue evaluado mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos (CFA), desde 12 meses antes.  Además, se utilizó un sistema de puntuación para cuantificar y clasificar el grado de adherencia a la DM, de acuerdo con las respuestas del CFA.

Para los cálculos estadísticos se empleó la conocida regresión logística multivariable, sin dejar de controlar todas las variables de confusión conocidas.

Resultados

Estos investigadores comprobaron que las personas con mayor adherencia a la DM (> 6 puntos) se beneficiaron con una significativa reducción del riesgo de desarrollar la forma neovascular de la DMAE, cuando fueron comparados con los menos proclives (< 4) a esta saludable dieta (OR: 0,53; 0,27-104; P =0,01). Además, observaron que esta boyante asociación no se veía reducida por la presencia de alelos de riesgo del gen Y204 H.

Sin embargo, en este estudio no se observó igual beneficio de la DM con respecto a los estadios precoces de DMAE, a diferencia de otros trabajos.

También apreciaron que los más adictos a la DM tenían altas concentraciones séricas de vitamina C, luteína, zeaxantina y beta-crytoxantina, auténticos biomarcadores de un buen consumo de fruta y vegetales.

Conclusión

Nuestros resultados son concordantes con los estudios que revelan un efecto protector de la dieta mediterránea frente a las formas avanzadas de la DMAE, aunque no soportan la información aportada por otros, con respecto a la influencia de la susceptibilidad genética en el efecto de tal dieta. Deben recomendarse acciones para que se adopte un modelo de DM, investigando y aplicando buenos métodos que consigan tal cambio de conducta”, concluyen los responsables del estudio.

Prevención de ceguera con dieta mediterránea: estudios prospectivos europeos RS-I y Alienor (2019)

En marzo del 2019 se publicó un artículo que reveló una potencial prevención de ceguera con dita mediterránea, según los resultados de dos estudios prospectivos europeos. (44)

Se trata de las cohortes del Estudio de Rotterdam I (RS-I) y del Estudio de Antioxidantes, Lípidos Esenciales, Nutrición y Enfermedades Oculares (Alienor. Francia). El primer firmante del trabajo es Bénédicte MJ. Merle (Universidad de Budeos), muy sensibilizada con este tema.

El primer estudio, el holandés, incluyó 4446 participantes, de 55 o más años de edad, examinados cada 5 años durante 21 años. El otro estudio, el francés, contó con 550 personas de 73 o más años de edad, evaluados cada dos años, durante un periodo de 4 años.

La adherencia a la dieta mediterránea se midió con una puntuación de 9 componentes basada en la ingesta de verduras, frutas, legumbres, cereales, pescado, carne, productos lácteos, vino y la proporción de ácidos grasos monoinsaturados a saturados. La incidencia de DMAE (fotografías del fondo del ojo) con DM se estimó utilizando modelos multivariados de riesgo proporcional de Cox.

Pues bien, al agrupar los datos del estudio RS-I y Alienor, una mayor adherencia a la dieta mediterránea (6-9 puntos) se asoció con una reducción del 41% en el riesgo de DMAE avanzada (HR: 0,59; IC 95%: 0,73-0,95), con respecto a una baja adherencia (0-3).

Estos hallazgos respaldan la prevención de ceguera con dieta mediterránea. Esto es, la prevención de degeneración macular asociada a la edad con una dieta rica en fruta, verdura, legumbres y pescado.

Freno de la progresión a formas avanzadas de DMAE con dieta mediterránea: análisis retrospectivo de dos estudios experimentales (2020)

En abril del 2020 se publicaron los resultados del análisis retrospectivo de dos ensayos clínicos (AREDS I y II), con resultados fructíferos para los amantes de la dieta mediterránea. (45)

Así, evaluaron un total de 13 204 ojos (fotografías en color de fondo del ojo) pertenecientes a 7756 participantes, inicialmente sin DMAE. Con ello, pretendieron ver la posible progresión a formas avanzadas de DMAE: atrófica, neovascular, drusas grandes.

De esta manera, tras una mediana de seguimiento de 10,2 años, observaron que de los 13 204 ojos, el 34,0% progresó a DMAE avanzada.

Pues bien, una mayor adherencia a una dieta mediterránea (tercil 3 versus 1) se asoció con una menor progresión a DMAE avanzada o tardía, atrófica y neovascular: 22%, 29% y 26%, respectivamente.

En análisis separados (n = 5029 ojos de 3026 participantes de AREDS), se observó una asociación entre una buena adherencia al DM (tercil 3) con una reducción del 21% en el riesgo de progresión a drusas grandes (HR: 0,79. IC 95%: 0,68-0, 93), con respecto a una baja adherencia (tercil 1).

La ingesta de pescado contribuyó a este efecto preventivo. Aunque sólo en participantes con alelos protectores (sin alta susceptibilidad genética), al igual que el derivado de una buena adherencia a la DM.

Concretamente, para el consumo de pescado, la reducción del riesgo de DMAE tardía fue del 31% (HR: 0,69. IC 95%: 0,58-0,82, P < 0,0001) y del 8% (HR:0,92 (0,78-1,07, p = 0,28; ), para el AREDS y el AREDS2, respectivamente. En este caso, comparando un alto consumo de pescado (cuartil 4) con un bajo consumo (cuartil 1).

Prevención de ceguera con dieta mediterránea: revisión sistemática de estudios observacionales

En mayo del 2022 se publicó (Nutrients) la primera revisión sistemática de estudios observacionales que ha evaluado una potencial prevención de ceguera con dieta mediterránea. Esto es, una reducción de la incidencia y de la progresión de degeneración macular asociada a la edad con una alta adherencia a un modelo dietético mediterráneo. (46)

En esta investigación (multicéntrica y multinacional) se han evaluado 8 estudios observacionales, 4 prospectivos, dos transversales y dos de casos y controles. Entre ellos, los analizados en este contenido. En total, se valoraron los datos de 26 056 personas, con más de 11 327 resultados.

Pues bien, demostraron que una mayor adherencia a la dieta mediterránea se asoció tanto con un menor riesgo de desarrollar DMAE como con menores probabilidades de progresión a formas más avanzadas.

“Nuestra revisión muestra un claro efecto beneficioso de un patrón de alimentación predominantemente basado en plantas sobre el riesgo de ceguera por degeneracion macular asociada a la edad (DMAE), tanto desde un punto de vista preventivo como intervencionista. Por esta razón, la exploración de cómo una dieta centrada en alimentos ricos en antioxidantes y moléculas antiinflamatorias, como la dieta mediterránea, afecta la aparición y el desarrollo de la DMAE está justificada por la plausibilidad biológica”. Así concluyeron los autores.

 

Prevención ceguera con dieta mediterránea:            Panaché de verduras con huevo, ricos en luteina y zeaxantina. Cortesía restaurante la Fábrica (Burgos)

Prevención de ceguera con dieta mediterránea: panaché de verduras con huevo, ricos en luteína y zeaxantina. Cortesía de rest. la Fábrica (Burgos)

 

Potencial prevención de ceguera con dieta mediterránea: hipótesis plausibles

Los hallazgos científicos actuales sugieren que la prevención de ceguera con dieta mediterránea, reduciendo el riesgo de DMAE, se debe a su gran riqueza en micronutrientes de reconocidas propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Véase, diversas vitaminas (A, C, E y del grupo B), carotenoides (beta-caroteno y, sobre todo, luteína y zeaxantina), polifenoles y ácidos grasos omega-3.

Esto parece ser así porque en la degeneración de la mácula intervienen fenómenos de oxidación e inflamación, muchas veces dependientes del impacto de las radiaciones ultravioleta y de la luz azul, sobre esta singular área, donde se concentran los fotorreceptores especializados en la visión diurna (conos) y en la percepción fina de los colores, formas y detalles.

Para evitar este deterioro, la mácula dispone de una buena dotación de luteína y zeaxantina, que ejerce de escudo a las citadas radiaciones ultravioleta y neutraliza los letales radicales libres producidos en su seno. Además, el consumo de alimentos ricos en tales carotenoides facilita su depósito en esta superficie retiniana y, por ende, potencia su efecto antioxidante, como se han demostrado en numerosos estudios.

El resto de sustancias antioxidantes contenidas en la DM deben de ejercer su efecto protector de la mácula lútea y, por ello, preventivo de DMAE, por su propia naturaleza antioxidante junto a su efecto antiinflamatorio.

Precisamente, cuando en el estudio experimental (ensayo clínico) AREDS se administraron a los pacientes altas cantidades de vitaminas, cinc y cobre, se actuó de acuerdo con la hipótesis promotora del ensayo: un efecto antioxidante puede proteger a la mácula para evitar tanto  las primeras lesiones degenerativas cuanto para frenar la progresión de las lesiones inicialmente establecidas. Como ya hemos visto anteriormente, el estudio fue realmente exitoso.

Conclusiones

A la luz de los conocimientos científicos actuales, la dieta mediterránea exhibe un efecto preventivo de degeneración macular asociada a la edad. Su riqueza en nutrientes de efectos antioxidantes, antiinflamatorios y reparadores de anomalías del ADN resulta crucial para proteger la mácula lútea, área de máxima agudeza visual de la retina, de fenómenos oxidativos y degenerativos. De esta suerte, potenciarían el efecto protector de los oxidantes contenidos de forma natural en la retina, como la luteína y zeaxantina.

De entre los grupos de alimentos que constituyen la dieta mediterránea, parece que los más saludables son las verduras, frutos secos, aceite de oliva virgen extra, fruta y el pescado. Aunque si deseamos aportar buenas cantidades de luteína y zeaxantina, no habrá que soslayar los huevos, pues la yema atesora una gran riqueza en tales carotenoides. Como se hallan en un lecho lipídico, su biodisponibilidad es incluso mayor que la contenida en las verduras de hoja verde.

Otro aspecto relevante es que los múltiples efectos saludables de la citada dieta mediterránea se deben al sinergismo por potenciación de los micronutrientes de los alimentos que la integran. Lo que sólo parece evidente cuando se hallan inmersos en su matriz natural y no tanto cuando se administran en suplementos aislados.

En fin, este contenido invita a no descuidar la dieta mediterránea, dado que, entre sus múltiples beneficios, parece emerger su más que posible capacidad para prevenir la primera causa de ceguera a partir de los 55 años, la degeneración macular asociada a la edad. Por ello, la prevención de ceguera con dieta mediterránea no es una utopía.

 

Dr. Félix Martín Santos

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4 Comentarios

  1. Félix con qué interés he leído tu artículo sobre La degeneración macular asociada a la edad, y qué bien nos vas conduciendo a través de él a entender en qué consiste esta enfermedad, sus estadios, los factores de riesgo, la importancia de un diagnóstico precoz, la necesidad de poner en práctica estilos de vida saludables: dejar de fumar, realizar actividad física…y tener una dieta adecuada como lo es la Dieta Mediterránea.
    Insistes en los nutrientes que la integran y en sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios para concluir que todo ello nos va a permitir prevenir la primera causa de ceguera a partir de los 55 años.
    Félix muchas gracias por tu exposición y por hacernos reflexionar sobre los beneficios de la Dieta Mediterránea, en este caso, para que podamos conservar algo tan imprescindible en la vida como es la vista

    Responder
    • Muchísimas gracias, Inmaculada, por tu profundo análisis y generosa valoración.
      Un fuerte abrazo
      Félix

      Responder
  2. Espectacular, y bien completo, el estudio y análisis, que nos haces en esta nueva entrega, (según nos tienes acostumbrados).

    Importante, lo que podemos hacer para cuidar y frenar los daños, que de por si, llegan con el aumento de la edad.

    Tomo nota de todos los consejos sobre alimentación, y hábitos, para mantener y cuidar ese preciado sentido de la vista.
    Gracias Félix!

    Responder
  3. Muchas gracias Félix por tu magnífico artículo realizado con maestría, sobre la prevención de la ceguera por DMAE. Nos haces ver que es prioritario un diagnóstico precoz, para así iniciar un tratamiento que pueda prevenir la aparición de formas avanzadas de la enfermedad. Nos invitas a llevar una Dieta Mediterránea y un estilo de vida saludable.

    Responder

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