Prevención de cáncer de mama con ejercicio físico

Prevención cáncer de mama con ejercicio físico: caminar a un buen ritmo, una hora diaria, puede reducir el riesgo de cáncer de mama hasta en un 15%, según diversos estudios prospectivos.
- Introducción
- Necesidad de potenciar la prevención primaria del cáncer de mama
- Prevención de cáncer de mama con ejercicio físico: revisión exhaustiva de estudios epidemiológicos por canadienses de la Universidad de Calgary (2010)
- Estudio prospectivo (Nurses’ Health Study) de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (octubre 2010)
- Prevención de cáncer de mama con ejercicio físico: estudio prospectivo de la Sociedad Americana de Cáncer (2013)
- Reducción de la mortalidad por cáncer de mama con ejercicio físico: estudios prospectivos de andadoras y corredoras (EEUU)
- Prevención de cáncer de mama con ejercicio físico: estudio español del grupo GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama (2017)
- Efecto preventivo de cáncer de mama exhibido por el ejercicio físico en mujeres de alto riesgo por ser hermanas de pacientes con cáncer de mama (2019)
- Actividad física y riesgo de cáncer de mama: metaanálisis de estudios de cohorte (2019)
- Asociación inversa entre la actividad física y el riesgo de cáncer de mama: resultados de la cohorte prospectiva del Biobanco del Reino Unido (2020)
- Prevención de cáncer de mama con ejercicio físico: estudio de aleatorización mendeliana (2022)
- Hipótesis plausibles:
- Capacidad de la actividad física regular para reducir el nivel de hormonas sexuales protumorales
- Neutralización del efecto tumoral de la insulina
- Reducción de las adipokinas y otros marcadores inflamatorios
- Potenciación de la inmunidad y reducción del estrés oxidativo
Introducción
La prevención de cáncer de mama con ejercicio físico es un hecho avalado por rigurosos estudios científicos, tanto observacionales prospectivos como de aleatorización mendeliana. Como tal efecto preventivo se consigue tanto con la actividad física moderada, véase andar, cuanto con la más vigorosa, correr o nadar, resulta crucial evitar el sedentarismo.
En principio, bastaría con seguir las recomendaciones internacionales:75 a 150 minutos semanales de ejercicio moderado o 75 a 150 minutos de actividad física vigorosa durante la semana. Pues se ha demostrado que así fructificarían los numerosos efectos saludables del ejercicio físico, incluido la prevención del cáncer de mama, el más prevalente en las mujeres.
Necesidad de potenciar la prevención primaria del cáncer de mama
Aunque los avances terapéuticos han logrado elevar los índices de supervivencia hasta un 85%, son demasiadas las mujeres que siguen falleciendo por este cáncer: unas 6000 al año.
Por otra parte, las medidas de prevención secundaria, basadas en el diagnóstico precoz mediante mamografías (entre otras medidas) y el subsiguiente tratamiento, no logran evitar que en torno al 30% de las pacientes diagnosticadas en fase temprana experimenten severas recaídas con metástasis a distancia, lo que ensombrece el pronóstico.
Por todo ello, es imprescindible descubrir medidas efectivas de prevención primaria, que desciendan la tasa de incidencia, esto es, los casos nuevos. En definitiva, necesitamos conocer qué estrategias pueden reducir el riesgo de desarrollar este tumor maligno, pues siempre resultará más efectivo y seguro prevenir que curar.
Como era de esperar, los estudios epidemiológicos actuales están mostrando que tales medidas preventivas se identifican con estilos de vida saludables, ya referidos en diversos contenidos de este blog. Esto es el ejercicio físico regular, una buena adherencia a la dieta mediterránea e ingesta regular de café.
En las siguientes líneas intentaremos plasmar gran parte de lo que la investigación internacional ha revelado sobre la prevención de cáncer de mama con ejercicio físico regular.
Prevención de cáncer de mama con ejercicio físico: estudios epidemiológicos
Revisión exhaustiva de estudios epidemiológicos por canadienses de la Universidad de Calgary (2010)
Durante el año 2010, la doctora Christine M. Friedenreich y colegas publicaron las conclusiones de su revisión de estudios epidemiológicos observacionales y de algunos experimentales, que versaron sobre el tema. (1)
Tras analizar 73 trabajos comprobaron que las mujeres físicamente activas experimentaban una reducción de un 25% del riesgo de desarrollar cáncer de mama, con respecto a las menos activas. Tal efecto protector fue superior cuando el ejercicio, moderado o vigoroso, era regular, esto es, cuando la mujer no dejaba de efectuarlo a lo largo de su vida. Observando también grandes beneficios en las mujeres que empezaban a realizarlo tras la menopausia, especialmente con actividades recreativas, en el tiempo libre.
Acababan su revisión abogando por la realización de estudios observacionales con grandes muestras de mujeres, con un seguimiento prolongado, a fin de dar más validez a las conclusiones obtenidas. Además de recomendar la realización de estudios experimentales en los que se profundizara en las posibles causas del efecto protector del ejercicio físico regular.
Estudio prospectivo (Nurses’ Health Study) de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (octubre 2010)
En octubre del 2010, Eliassen y colegas revelaron que el ejercicio físico regular exhibe un efecto preventivo de cáncer de mama en mujeres después de la menopausia. (2)
Método
Para ello, estudiaron durante 20 años a 95.396 mujeres que habían alcanzado la menopausia. Bien por ya estar en el climaterio al principio de la investigación o bien por alcanzar este estado de declive hormonal durante su amplio seguimiento. Desde el principio se propusieron evaluar la posible asociación inversa entre dos variables cualitativas. Una, la incidencia de cáncer de mama; la otra, diversas modalidades de actividad física aeróbica: andar a paso ligero, correr con más o menos intensidad, como running o jogging, respectivamente, ciclismo, natación, tenis, ejercicios aeróbicos en gimnasio, entre otros.
Durante el citado seguimiento, 4782 mujeres desarrollaron cáncer de mama.
Obviamente, el aparato estadístico aplicado fue muy riguroso, con control de las principales variables de confusión (tabaquismo, alcohol, índice de masa corporal, estado hormonal, receptores hormonales de las células tumorales…).
Resultados
Así, comprobaron que las mujeres que paseaban a paso ligero (a un ritmo de 4,5 a 6 km a la hora) o muy ligero (más de 6 km a la hora) durante una hora la mayoría de los días de la semana (gasto energético igual o superior a 27 MET horas/semana) tenían un 15% menos de riesgo de desarrollar cáncer de mama (HR: 0,85, I.C del 95% de 0,78 a 0,93), con respecto a las que paseaban menos de una hora a la semana (gasto energético inferior a 3 MET hora/semana).
Resultó muy meritorio demostrar cuán saludable era que las mujeres durante el climaterio sustituyeran el sedentarismo por la práctica regular de ejercicio físico. De entrada, una reducción de un 10% del riesgo de cáncer de mama (HR: 0,90, I.C. 95% de 0,82 a 0,98), con respecto a las que siguieron con su vida sedentaria o de bajo gasto energético.
Estos investigadores también apreciaron que entre todas las modalidades de actividad física analizadas, la que rendía mejores resultados era andar a un ritmo vivo.
Por otra parte, el beneficio obtenido mediante la actividad física regular fue independiente de la presencia o no de receptores hormonales en las células malignas de mama. Pues la reducción del riesgo fue similar tanto entre las que tenían positivos los receptores de estrógenos (RE+) y de progesterona (RP+) cuanto entre las que tenían ambos negativos (RE- y RP-).
Además, tanto las mujeres obesas como las delgadas se beneficiaron del ejercicio físico aeróbico, al igual que las mujeres que tomaron o no tratamiento estrogénico durante la menopausia.
Posibles mecanismos y conclusiones
La prevención de cáncer de mama con ejercicio físico aeróbico, independiente de los citados factores de riesgo, la atribuyeron a una disminución de los niveles circulantes de estrógenos. Sin soslayar otros posibles mecanismos: incremento de la sensibilidad a la insulina y el subsiguiente descenso de su concentración sanguínea, el aumento de la función inmune o la reducción de la inflamación crónica, entre otros.
“Nuestras observaciones sugieren que la actividad física moderada, incluyendo paseos a buen ritmo, pueden reducir el riesgo de cáncer de mama en la postmenopausia y que el aumento de la actividad física tras el climaterio puede ser beneficioso”, concluyen los responsables del estudio.
Prevención de cáncer de mama con ejercicio físico: estudio prospectivo de la Sociedad Americana de Cáncer (2013)
En octubre del 2013 se publicó un estudio prospectivo promocionado por la Sociedad Americana de Cáncer (American Cancer Society), con resultados fructíferos para las amantes del ejercicio físico. (3)
Los autores estudiaron a 73.615 mujeres postmenopáusicas, durante 12 años, a fin de apreciar una asociación entre la actividad física aeróbica y el riesgo de cáncer de mama. Con tan buena fortuna como para hallar una relación dosis-respuesta entre el nivel de actividad física y la reducción subsiguiente de la incidencia de cáncer de mama.
Así, observaron el descenso de un 25% del riesgo de cáncer de mama entre las que practicaban ejercicio vigoroso, como correr más de 42 kilómetros semanales (>42 MET horas/semana) cuando se las comparaba con las menos activas (0≤7 MET horas/semana).
Sin embargo, casi la mitad de estas mujeres (47%, exactamente) sólo paseaban. Pues bien, las que andaban a un ritmo vivo durante siete o más horas semanales se beneficiaban de una disminución de un 14% del riesgo de cáncer de mama con respecto a las que andaban tres o menos horas a la semana.
También apreciaron que el efecto protector del ejercicio físico aeróbico era independiente de la presencia de otros factores de riesgo de cáncer de mama. Véase, la ganancia de peso, el Índice de Masa Corporal, el tratamiento hormonal sustitutivo, así como del estado de los receptores hormonales (positivos o negativos para estrógenos y progesterona).
Mecanismos y conclusiones
Por ello, también creen que el mecanismo antitumoral esgrimido por el ejercicio físico aeróbico pudiera ser doble. Por una parte, reduciendo los niveles de hormonas sexuales circulantes; por otra, por vías diferentes a la hormonal, como las mencionadas anteriormente.
No obstante, no apreciaron que el sedentarismo (por ejemplo, estar sentado más de seis horas diarias leyendo, viendo la televisión…) incrementara el riesgo de cáncer de mama. Lo que, en cambio, sí se ha visto en otros trabajos. (4,5)
Los responsables de este estudio concluyen el mismo como sigue: “Nuestros resultados contribuyen a aumentar las pruebas que revelan un potencial efecto preventivo del cáncer de mama por parte de la actividad física practicada por mujeres en su época climatérica o menopáusica. Las mujeres que dedican al menos 7 horas semanales de su tiempo libre a pasear pueden conseguir un significativo beneficio, incluso en ausencia de ejercicio físico vigoroso. Dado que el cáncer de mama es el más frecuente entre las mujeres postmenopáusicas y que pasear es la actividad física más común entre ellas, el hallazgo de una posible reducción del riesgo de este tumor maligno (14%) por pasear una o más horas diarias puede considerarse como una medida de interés público sanitario.”
Reducción de la mortalidad por cáncer de mama con ejercicio físico: estudios prospectivos de andadoras y corredoras (EEUU)
Paul T. Williams (Laboratorio Nacional de Berkeley, California), en 2013, confirmó resultados previos en su estudio prospectivo: muy probable prevención de cáncer de mama con ejercicio físico. (6)
Para ello, valoró a 79.124 mujeres, 32.872 andadoras (walkers) y 46.252 corredoras (runners) durante 12 años, durante los cuales 111 murieron de cáncer de mama (57 andadoras, 54 corredoras).
El resultado fue muy esperanzador: 41,5% de reducción de la mortalidad por cáncer de mama entre las mujeres que siguieron las recomendaciones internacionales de ejercicio físico aeróbico. O sea, 150 minutos semanales de ejercicio moderado o 75 minutos de ejercicio vigoroso, cuando eran comparadas con las que gastaron menos energía (inferior a 7,5 MET horas/semana).
Además, comprobaron que el beneficio fue tan similar entre las que efectuaron ejercicio moderado (andar) como entre las que lo realizaron más vigorosamente (correr).
Es preciso decir que Williams lleva más de 20 años estudiando a dos grandes muestras nacionales (EEUU): 33.060 corredores (The National Runner´s Health Study II) y 15.945 andadores (National Walker´s Health Study).
De esta forma, ha demostrado los grandes beneficios cardiovasculares, antitumorales y neuroprotectores del ejercicio físico aeróbico. (7–17)
Prevención de cáncer de mama con ejercicio físico: estudio español del grupo GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama (2017)
En enero del 2017, se publicó un estudio epidemiológico español que también evaluó el potencial efecto preventivo de cáncer de mama por parte del ejercicio físico. Se trata de un estudio multicéntrico, observacional, de casos y controles, en el que participan 23 hospitales.(18)
Método
Así, estudiaron a 698 parejas formadas por una mujer afecta de cáncer de mama y otra sana, de la misma edad, que residiera en la misma área y sin vínculo familiar. Todas ellas completaron un cuestionario de actividad física.
El ejercicio físico fue cuantificado por el gasto energético consumido, expresado en equivalentes metabólicos, horas por semana (MET horas/semana). Lo que permitió graduar el nivel de actividad física en moderada (3 a 5,9 MET) y en vigorosa (superior a 6 MET). También fue evaluado el grado de adherencia a las recomendaciones internacionales. Por otra parte, la asociación del citado ejercicio físico con el riesgo de cáncer de mama, global y por subtipo histológico, fue evaluada empleando modelos de regresión logística.
Resultados
De este modo, apreciaron una reducción del riesgo de cáncer entre las mujeres premenopáusicas: 5% por cada incremento en 6 MET hora/semana en el gasto energético. Mientras que las que estaban en la menopausia necesitaron ejercitarse más intensamente para observar beneficio parecido.
También apreciaron mejores resultados en nulíparas (que no han dado a luz ningún hijo) y en las que tenían positivos los receptores hormonales conocidos (estrógenos y progesterona). Así como de otro menos conocido: el receptor 2 del factor de crecimiento epidérmico humano (HER 2).
Resultó impactante comprobar que las mujeres sedentarias tenían un 71% más de riesgo de desarrollar este tumor maligno con respecto a las que seguían las recomendaciones internacionales. Finalmente, las que se mantuvieron inactivas durante el año previo al diagnóstico, independientemente del nivel de actividad física realizado en periodos previos, mostraron un aumento del riesgo cuando se las comparaba con las que se mantuvieron activas.
También fue llamativo comprobar que prácticamente la mitad de las mujeres analizadas por cáncer de mama aún no habían llegado a la menopausia. Por lo que ha podido estudiarse con más validez el efecto del ejercicio físico en ambos grupos de damas: las fértiles y las que estaban en plena menopausia.
Estos investigadores españoles concluyen su trabajo afirmando: “Las mujeres que refieren seguir las recomendaciones internacionales de actividad física se benefician de una sustancial reducción del riesgo de todos los subtipos de cáncer de mama. Este hallazgo reviste un particular interés en España, donde se está viendo cómo se incrementa la proporción de mujeres con sobrepeso y obesidad en las últimas décadas.”
Efecto preventivo de cáncer de mama exhibido por el ejercicio físico en hermanas de pacientes con cáncer de mama (alto riesgo)
El primer estudio prospectivo que evaluó la posible prevención de cáncer de mama con ejercicio físico en mujeres sanas cuyas hermanas habían padecido cáncer de mama se publicó en enero del 2019. Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte fueron los responsables del estudio, liderado por Nicole M Niehoff. (19)
Para tan singular objetivo contaron con una cohorte de 50.884 mujeres que tenían una hermana con cáncer de mama pero que no tenían cáncer de mama previo en el momento de la inscripción. Todas ellas refirieron las actividades recreativas deportivas/de ejercicio en las que participaron durante los últimos 12 meses. Durante una media de 8,5 años de seguimiento, diagnosticaron 3.023 casos de cáncer de mama.
Valoraron la asociación entre el ejercicio físico recreativo, medido en horas/semana y MET-horas/semana, con el riesgo de cáncer de mama. Las razones de riesgo (HR) y los intervalos de confianza (IC) del 95% se calcularon con regresión de Cox.
Pues bien, apreciaron una reducción del riesgo de cáncer de mama en las mujeres postmenopáusicas con mayor tiempo de ejercicio físico recreativo (horas/semana): 23% (HR= 0,77; IC 95 %, 0,66–0,90). Así como con las que gastaron más energía por practicar ejercicio físico (MET-horas/semana): un 25% de disminución del riesgo (HR = 0,75; IC 95 %, 0,67–0,85). Lo que en absoluto observaron en las mujeres premenopáusicas.
Actividad física y riesgo de cáncer de mama: metaanálisis de estudios de cohorte (2019)
Coincidiendo con la fecha de publicación del estudio prospectivo con hermanas de alto riesgo, se publicó un metaanálisis de estudios de cohorte que versaron sobre el tema. (20)
De entrada, los investigadores (Universidad de Wuhan, China) seleccionaron 38 estudios de cohortes publicados entre 1994 y 2017, que incluyeron 68 416 casos de cáncer de mama. Tras el correspondiente análisis, revelaron una reducción global del 13% del riesgo de cáncer de mama entre las mujeres que practicaron ejercicio físico.
En el análisis de subgrupos revelaron una mayor reducción del riesgo de cáncer de mama en mujeres premenopáusicas que en las postmenopáusicas: 17%, 9%, respectivamente. Evidentemente, reducciones significativas de mujeres que se ejercitan físicamente con respecto a las que se muestran inactivas o casi sedentarias.
También se apreciaron disminuciones significativas del riesgo de cáncer de mama entre las mujeres que practicaban actividad recreativa, ocupacional y no laboral: 12%, 9% y 13%, respectivamente.
Por otra parte, el riesgo de cáncer de mama fue significativamente menor en personas que practicaron actividad física más de 1 año y menos de 5 años: 38% (ORR 0,62; IC del 95 %: 0,46-0,78). Seguidos por las que practicaban ejercicio físico a lo largo de su vida: 19% de reducción (ORR 0.81; IC 95% 0.69-0.93).
Además, el efecto preventivo de este cáncer por el ejercicio físico fue similar en mujeres con normopeso (IMC < 25 kg/m2) como en las que tenían sobrepeso (IMC > 25 kg/m2): 12% y 13%, respectivamente.
En fin, también se apreció una relación lineal, dosis-respuesta, entre el nivel de ejercicio físico recreativo y total. Esto es, una reducción del riesgo de cáncer de mama del 3% y del 2% por cada 10 METs de aumento de ejercicio recreativo y total, respectivamente.
Asociación inversa entre la actividad física y el riesgo de cáncer de mama: resultados de la cohorte prospectiva del Biobanco del Reino Unido
Un año más tarde, en enero del 2020, investigadores de la universidad de Oxford volvieron a sugerir un efecto preventivo de cáncer de mama por el ejercicio físico. (21)
Para llegar a tal conclusión analizaron los datos de 47.456 mujeres premenopáusicas y 126.704 posmenopáusicas en el Biobanco del Reino Unido, seguidas de 2006 a 2014. Con la particularidad de evaluar objetivamente el nivel de actividad física mediante acelerómetro en una submuestra de 20 785 mujeres.Tras 5,7 años de seguimiento, diagnosticaron 3.189 casos de cáncer de mama.
Así, las mujeres premenopáusicas y postmenopáusicas que efectuaron más ejercicio físico autoinformado(cuartil superior) experimentaron significativas reducciones del riesgo de cáncer de mama: 25% y 23%, respectivamente. Con respecto a las que realizaron menos (cuartil inferior), después del ajuste por adiposidad.
Cuando el ejercicio físico fue objetivado con acelerómetro también se apreciaron reducciones significativas del riesgo del citado cáncer en mujeres pre y postmenopáusicas: 21% y 16%, respectivamente, por cada aumento de 5 mili-gravedad.
La prevención de cáncer de mama con ejercicio físico vuelve a plantearse en un estudio prospectivo de tanto relieve como el del Biobanco británico. Tanto en mujeres que están en época fértil como en las que están en el climaterio, independientemente del nivel de adiposidad.

El ejercicio físico aeróbico, como caminar a buen ritmo, exhibe un efecto preventivo de cáncer de mama, según estudios observacionales prospectivos, metaanálisis de los mismos y estudios de aleatorización mendeliana.
Prevención de cáncer de mama con ejercicio físico: estudio de aleatorización mendeliana (2022)
Incluso un estudio de aleatorización mendeliana, publicado en octubre del 2022, constató la prevención de cáncer de mama con ejercicio físico. (22)
El hecho es meritorio porque este tipo de estudios pretenden demostrar que las asociaciones mostradas en los estudios observacionales son verdaderamente causales. Dado que tienden a evitar las variables de confusión y la causalidad inversa.
Como en otros artículos de este blog ya hemos explicado la metodología de estos estudios, remito al lector a los mismos para su comprensión.
En el caso que nos ocupa, se trata de un estudio multinacional en el que analizaron los datos de dos muestras de datos de casos y controles. Una del Consorcio de la Asociación de Cáncer de Mama, que incluyó datos genéticos de 130 957 mujeres de ascendencia europea (69 838 casos invasivos). El otro correspondió a datos publicados del Biobanco del Reino Unido (91.105 casos de cáncer de mama de un total de 377 234 mujeres).
Bueno, pero ¿qué demostraron? Pues que un mayor nivel de ejercicio físico predicho genéticamente se asoció causalmente con un menor riesgo general de cáncer de mama: 41% (OR = 0,59; IC, 95%: 0,42 a 0,83). Así como para la mayoría de los grupos de casos.
De igual forma, el ejercicio físico vigoroso predicho genéticamente se asoció con un menor riesgo de cáncer de mama pre/perimenopáusico: 38% (OR=0,62; IC del 95 %: 0,45 a 0,87, ≥3 vs. 0 días/semana autoinformados).
En cambio, el sedentarismo se asoció con un mayor riesgo de sufrir cánceres de mama con receptores hormonales negativos. O sea, los de mayor agresividad.
Los resultados soportaron con solidez y validez los análisis de sensibilidad que examinaron la pleiotropía (incluida la mediana ponderada de MR, MR-Egger).
Hipótesis plausibles
A lo largo de este contenido hemos visto que el ejercicio físico aeróbico practicado de forma regular es capaz de reducir per se el riesgo de cáncer de mama. Independientemente de la presencia o ausencia de otros factores de riesgo conocidos, incluyendo la presencia o no de receptores de hormonas sexuales en las células mamarias malignas. De esto puede colegirse que el citado efecto preventivo de la actividad física se debe a diversos mecanismos, que podríamos resumir en dos: hormonales y extrahormonales.
En las siguientes líneas vamos a ver, primero, cómo los estrógenos pueden incrementar el riesgo de cáncer de mama. Y, luego, la capacidad de la actividad física para reducir tanto la concentración sanguínea como la tisular (en los tejidos) de las hormonas sexuales femeninas. Veámoslo, pues.
Efecto cancerígeno de las hormonas sexuales femeninas
Desde hace tiempo sabemos que en la génesis de este cáncer ocupa un lugar destacado el influjo y persistencia de estrógenos sobre el tejido glandular mamario. Dado que, por ejemplo, los estrógenos pueden tanto estimular la multiplicación de las células mamarias cuanto reducir su muerte natural (apoptosis). (23)
Además, ciertos metabolitos de los estrógenos tienen potenciales efectos tóxicos sobre los genes. Así como gran capacidad para inducir mutaciones en los mismos, algunas de las cuales pudieran ser de plena malignidad. (24,25)
Esto quizá ayude a entender por qué la prolongación del tiempo de exposición a las hormonas sexuales incremente sensiblemente el riesgo de desarrollar este tumor maligno. Como acontece en las mujeres que tienen precozmente su primera regla (menarquía) y las que tienen tardíamente su menopausia, así como las que tardan en tener su primer hijo.
Incluso la asociación positiva entre la obesidad y el consumo de alcohol con el cáncer de mama también puede deberse a un mayor influjo de los estrógenos. Efectivamente, cuando una mujer engorda durante la menopausia, su tejido adiposo es capaz de sintetizar estrógenos. Algo parecido sucede con el alcohol, pues su consumo regular se asocia a un incremento de la concentración plasmática de estrógenos.
Por el mismo motivo resulta peligroso el tratamiento hormonal sustitutivo con estrógenos durante la menopausia. Por lo que la propia OMS lo desaconsejó encarecidamente en su Código Europeo contra el Cáncer (octubre 2014).
Actualmente se acepta ampliamente la responsabilidad de los estrógenos en el desarrollo de cáncer de mama en el climaterio femenino, o sea, durante la época de la menopausia. (26,27)
Influjo hormonal estrogénico en mujeres en edad fértil
Sin embargo, existen menos trabajos que estudien el influjo hormonal en el cáncer que afecta a una mujer fértil. Probablemente porque es más complejo estudiar el nivel de hormonas circulantes entre los ciclos ováricos y endometriales.
Por eso es destacable un gran estudio prospectivo efectuado por Eliassen y colegas, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, que, estudiando a su famosa muestra de enfermeras (Nurses’ Health Study II), revelaron que la concentración de estradiol recogida en la fase folicular del ciclo menstrual (pero no en la fase lútea) se asociaba con un aumento significativo del riesgo de cáncer de mama. Tanto globalmente como el de los tumores con receptores positivos de estrógenos y de progesterona. (28)
Efecto tumoral de los andrógenos
Diversos estudios epidemiológicos han evidenciado cierta responsabilidad de los andrógenos en el desarrollo de cáncer de mama en la mujer fértil y, sobre todo, en la climatérica. (29,30)
Aunque nos puede parecer raro, los andrógenos son capaces de actuar directamente sobre receptores de andrógenos de las células malignas mamarias, incrementando sus mitosis y, por tanto, su multiplicación. (31)
Además, también pueden utilizar una vía indirecta para incrementar tal riesgo, cual es la de transformarse en estrógenos. Merced a la enzima aromatasa, que cataliza la conversión de la testosterona en estradiol y la de androstenodiona en estrona, dentro de las células adiposas y las de otros tejidos de la mujer postmenopáusica y, sobre todo, en los ovarios de la mujer fértil (premenopáusica). (32)
Capacidad de la actividad física regular para reducir el nivel de hormonas sexuales
Son diversos los estudios epidemiológicos observacionales que han revelado que el ejercicio físico aeróbico es capaz de reducir la concentración de estrógenos y, por ende, de cáncer de mama. Unos lo asocian al descenso de la producción hormonal por el tejido adiposo, que tiende a reducirse por efecto del gasto energético derivado de la citada actividad física. (23,32)
Otros autores creen que se debe a una reducción de la biodisponibilidad de los estrógenos. Gracias a la capacidad de la actividad física de aumentar los niveles de la denominada proteína (globulina) de unión a las hormonas sexuales circulantes (GUHS). La cual se une reversiblemente a los estrógenos, reduciendo, por tanto, su disponibilidad biológica. (33,34)
También algún estudio experimental ha reflejado la capacidad reductora de estradiol por parte del ejercicio físico aeróbico. En parte por incrementar el nivel de la GUHS, que, como hemos comentado antes, reduce la biodisponiblidad de los estrógenos. (35)
La concentración de testosterona también puede ser reducida en el curso de la actividad física aerobica. Son varios los mecanismos implicados: reducción del tejido graso (obesidad), aumento de la GUHS y, en consecuencia, reducción de la biodisponiblidad de la testosterona, reduciendo los niveles de insulina sanguínea.
Neutralización del efecto tumoral de la insulina por parte del ejercicio físico
Cuando los tejidos del ser humano se muestran resistentes a la acción de la insulina, como acontece en la obesidad centrípeta o abdominal, tiende a elevarse en sangre la concentración de esta hormona (hiperinsulinemia). Lo que facilita su acción sobre los receptores insulínicos de las células tumorales mamarias, con una doble consecuencia. Una, aumento de la capacidad mitótica o proliferativa de estas células malignas; la otra, reducción de la apoptosis o muerte fisiológica de las mismas. (36,37)
Además, la citada hiperinsulinemia reduce los niveles de la globulina de unión a las hormonas sexuales (GUHS). Lo que, a su vez, conlleva un aumento de la disponibilidad biológica de los estrógenos, al no verse éstos “atados” o unidos a aquélla.
Por estos mecanismos directos, la resistencia a la insulina y, por ende, la hiperinsulinemia podrían incrementar el riesgo de cáncer de mama. Además, ambas situaciones se asocian a un incremento de sustancias protumorales, proinflamatorias y de ciertas adipokinas.
Pues bien, el ejercicio combinado con la pérdida de peso es un medio efectivo para mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la hiperinsulinemia y el riesgo de diabetes tipo dos. Al menos, desde hace veinte años hay estudios que avalan tal afirmación. (38–41)
Reducción de las adipokinas y otros marcadores inflamatorios mediante el ejercicio físico
Las adipokinas son un grupo de polipéptidos biológicamente activos producidos por las células grasas (adipocitos), verdaderos marcadores inflamatorios. Los principales son los siguientes: leptina, adiponectina, factor de necrosis tumoral alfa (FNT-α), e incluso la interleucina 6.
La obesidad representa un estado inflamatorio crónico sistémico (afecta globalmente al organismo) de bajo grado, pues se acompaña de niveles elevados de los marcadores inflamatorios. (42)
Sabemos que la inflamación crónica conlleva perniciosos cambios en el microambiente celular, con proliferación celular continuada y notable estrés oxidativo. Lo que puede alterar el ciclo celular normal, induciendo mutaciones malignas (Coussens y Werb 2002).
Se piensa que las adipokinas pueden incrementar el riesgo de cáncer de mama, bien indirectamente, merced a que se correlaciona positivamente con la hiperinsulinemia, resistencia a la insulina y diabetes tipo dos. O bien directamente, alterando el desarrollo de las células de la glándula mamaria y promoviendo metástasis. (43)
Pero, ¿cuál es el efecto del ejercicio físico sobre las adipokinas? Pues es capaz de reducir la concentración de gran parte de las adipokinas mencionadas, bien a través de una sensible pérdida de grasa y de peso o bien por otros mecanismos. (44–47)
Otros mecanismos: potenciación de la inmunidad y reducción del estrés oxidativo
Otros posibles vías por las que el ejercicio físico regular podría reducir el riesgo de cáncer de mama están representadas por su potenciación del sistema inmune (Campbell y cols. 2008) y por la reducción del estrés oxidativo (Dai y cols. 2009; Scmitz y cols. 2008).
Otros investigadores sugieren que la actividad física aeróbica modifica favorablemente las señales y respuestas intracelulares, potenciando las vías anticancerígenas y suprimiendo las vías proclives a generar tumores malignos en el tejido mamario. (48)
Conclusiones
La prevención de cáncer de mama con ejercicio físico no es una quimera, pues está avalada por múltiples estudios prospectivos, metaanálisis de los mismos y estudios de aleatorización mendeliana. La reducción del riesgo oscila de un 10% a un 40%.
Es observable en mujeres fértiles y en postmenopáusicas, en obesas y en longilíneas, con ejercicio tanto referido por el paciente cuanto objetivado con acelerómetro. Incluso las mujeres de alto riesgo de desarrollar cáncer de mama, como las que tienen hermanas que lo han padecido, también se benefician del ejercicio físico. Aunque en este caso sólo se ha observado un efecto preventivo del ejercicio en las hermanas postmenopáusicas.
En fin, este contenido aporta un motivo más para practicar regularmente actividad física aeróbica, pues algo tan factible como pasear una hora diaria a un ritmo vivo puede comportar una reducción muy relevante del riesgo de desarrollar cáncer de mama: cuando menos, un 14%. De esta suerte, serían miles de mujeres las que no lo sufrirían, dada su alta incidencia.
Dr. Félix Martín Santos
Bibliografía:
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Gracias Félix, como siempre un gran articulo digno de un gran científico.
Como bien dices siempre, la dieta mediterránea, con un gran café de especialidad y un buen ejercicio ….. nos alarga la calidad de vida.
Gracias por trasmitir tus conocimientos.
Muchas gracias, Jesús, por tu valoración y comentario.
Un fuerte abrazo
Cantidad de evidencia científica, años de seguimiento y número de pacientes, para demostrar que con tan solo 2,5 horas semanales de ejercicio físico moderado, dieta mediterránea y café, prevenimos, mejor que curamos, en porcentajes importante, con beneficios CV, antitumorales y neuroprotectores.
!Que más podemos pedir para la salud de nuestras compañeras!
Gracias Félix por esta nueva entrega, tan completa.
Así es, Pedro. Muchas gracias por tu análisis y comentario.
Un fuerte abrazo